El “titánico emprendimiento estatal” de La Feria

El Pabellón de las Banderas es unas de las edificaciones más icónicas del complejo urbanístico. Danny Polanco
Rafael LeónidasTrujillo ordenó construir el complejo ferial para mostrar al mundo el desarrollo alcanzado en el país

Seis décadas después de su inauguración, las infraestructuras que conformaron la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre siguen siendo parte de los referentes arquitectónicos más importantes del país.

La construcción, que comenzó en el 1954 y fue inaugurada un año después –pese a que algunas de sus obras no estaban listas-, es considerada asimismo como uno de los acontecimientos más transcendentales de la ciudad del siglo XX.

Aunque no se ha determinado con exactitud el costo del complejo urbanístico, hay versiones que indican que fue de RD$4,000,000, que entonces equivalía a igual cantidad de dólares. Pero también, se habla de que la inversión fue de RD$20,000,000. Lo que sí se sabe es que los fondos, de acuerdo a lo establecido en el Decreto No. 279 del dictador Rafael Leónidas Trujillo, fueron costeados por el Estado Dominicano, el Consejo Administrativo del Distrito de Santo Domingo, los municipios de la República y las instituciones oficiales autónomas, así como las empresas particulares.

La Feria originalmente estuvo constituida por el Teatro de Agua y Luz; el Pabellón de Exposiciones Internacionales (luego sede del Consejo Estatal del Azúcar), el Pabellón del libro María Martínez de Trujillo, lo que se convirtió después en Consultado de Estados Unidos; el Pabellón de la Industria Azucarera; el Pabellón de las Fuerzas Armadas; así como el Palacio del Ayuntamiento (antes Consejo Administrativo del Distrito de Santo Domingo).

También lo conformó el Pabellón de Salud Pública, Bienestar Social y Artes Culturales (hoy Ministerio de Trabajo); así como el Pabellón de Administración de la Feria (hoy Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales, CDEEE).

En el acto inaugural también se construyó la entrada principal con el símbolo de la Feria, el globo terráqueo y las dos alas. Otras obras fueron el Pabellón de Seguridad Nacional y Comunicaciones, lo que luego fue sede de la Secretaría de Estado de Agricultura, destruida por un incendio. Hoy en ese sitio está la Suprema Corte de Justicia.

Otras de las infraestructuras originales fueron el Fuerte de Millón de Dólares de Música y Luces; el Pabellón de Industrias Nacionales (hoy sede del Congreso Nacional); el Pabellón de Agricultura, Economía y Finanzas, donde funcionaban las oficinas ejecutivas de la azucarera Haina, y la oficina particular de Trujillo. Después de la dictadura, allí estuvo la Secretaria de Estado de Interior y la Dirección General de Migración.

Asimismo, fueron parte del complejo urbanístico el Pabellón de vehículos de motor; el templo de la Paz, Pabellón de la Santa Sede, Iglesia San Rafael y San Eugenio (actualmente Iglesia Nuestra Señora de la Paz). Al fondo, de norte a sur, en la esquina suoreste de la Feria, de acuerdo con planos plasmados en “Trazos en el mar” de Guillermo González, estaba la avenida de los Pabellones de las Naciones participantes. Allí se encontraban el Coney Island y más arriba el Autocinema Iris. También se construyó para la fecha el Hotel Paz, lo que actualmente es el Casino Hispaniola. Además se construyeron los pabellones de Venezuela, Alcoa, Pepsi-Cola, y Esso.

González consideró en su obra que “es hoy tarea imposible transmitir el impacto que la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre produjo en la imaginación de la sociedad dominicana. Su realización, hercúlea labor encargada a un equipo de hombres invencibles, intimidados por la impronta del sumo dictador y su adláteres, motivados por hacer real lo irreal, definió un antes y un después en la cultura del espacio de República Dominicana”.

Etapas de la construcción

El deseo de mostrar al mundo el desarrollo alcanzado en el país, llevó a Trujillo, quien celebraba sus 25 años en el poder, a ordenar la construcción del complejo ferial, para que le sirviera sobre todo para mejorar las maltrechas relaciones internacionales del gobierno, y dinamizar la economía local.

La construcción fue motivada especialmente tras una visita que realizara a Italia, donde observó las instalaciones de la Exposición Universal de Roma de 1942, según reportes históricos.

Asimismo, en el 1949, Haití había celebrado una exposición con invitados internacionales de “sobresaliente modernidad”, en terrenos cercanos al borde marino de Puerto Príncipe, lo que probablemente provocó algún sentimiento de competitividad en Trujillo y sus asesores.

La historia también recoge que otras de las motivaciones para la construcción de La Feria fue que el 30 de marzo de 1954 se inauguró en Santiago la Feria La Paz de Trujillo, de corte agropecuario e industrial, organizada por un comité conformado por personalidades ligadas al régimen tanto del Gobierno regional como del Partido Dominicano.

La euforia provocada por el éxito de la Feria de Santiago y la satisfacción del dictador por los logros obtenidos, en Archivos de Arquitectura Antillana 054, sirvieron de motivación al senador Mario Fermín Cabral –una de las figuras más identificadas con el trujillismo – para repetirla en 1955 con una mayor inversión y mejores resultados, según recoge un ensayo histórico de César Al Martínez y José Enríque Delmonte Soñé.

Cabral le propuso al reincorporado colaborar del dictador, Virgilio Álvarez Pina, alias Cucho, la gran oportunidad que significaba la realización de este evento para el afianzamiento en su relación con Trujillo, la cual había recuperado recientemente. De inmediato comenzó a darle forma a la idea pero con el enfoque de hacerla en la capital.

Álvarez y Cabral unieron esfuerzos para delinear una gran exposición en Ciudad Trujillo, donde se exaltaría la figura del dictador y su obra, en un evento temporal a realizarse muy cerca de mayo de 1955, con el mismo enfoque de las antiguas ferias, es decir, que se edificarían pabellones temporales para la exhibición de todas las áreas productivas de la nación, además de eventos multitudinarios que mostraran la adhesión al régimen de todos los ciudadanos.

Estos seguidores del regimen promovieron la idea de la celebración del 25 aniversario de la Era de Trujillo, y el 5 de abril del 1954, en una reunión en el despacho del presidente de la Junta Central del Partido Dominicano en la que participaron Álvarez, Anselmo Paulino y Joaquín Balaguer, se trató el tema de los eventos a realizar. De allí salió un proyecto de ley que fue aprobado por el Congreso el próximo mes de mayo –bajo la Ley 3828 – donde se declaró el 1955 como el “Año del Benefactor de la Patria”, y se creó la Junta Pro-Celebración para tales fines.

A finales de mayo Trujillo viajó hacia España, Italia y Francia, donde afianzó su figura a nivel internacional, a pesar de la oposición cada vez mayor de grupos de exiliados en el exterior. En agosto del 1954 Trujillo regresó y los promotores del proyecto le presentaron los avances. Mario Fermín Cabral le detalló al dictador lo que habían logrado en las reuniones que habían sostenido en Santiago, San Pedro de Macorís, y San Cristóbal, paralelamente. Le informó a Trujillo que en la celebración del cuarto de siglo como mandatario convergerían medio millón de personas en un desfile para conmemorarlo.

Al mes siguiente, ya se había determinado el terreno para hacerla: una franja de terreno de 50 hectáreas a 4 kilómetros hacia el oeste de la ciudad, en unas parcelas que colindaban con la Estancia Ramfis y la avenida Fabré Geffrard (hoy Av. Abraham Lincoln).

Sin embargo, los planes que se estaban llevando a cabo cambiaron cuando en una cena con empresarios, banqueros y líderes de negocios en Nueva York, Trujillo anunció que lo que se realizará en República Dominicana es una “Feria Panamericana”.
Aprovechó para invitar a los mayores empresarios estadounidenses y de los demás países del continente a exponer sus productos en un escenario de gran magnitud.

Álvarez Pina de inmediato notó el cambio de interés del dictador respecto al proyecto. Éste conformó un equipo más amplio de ingenieros y arquitectos, y el 8 de octubre ofreció declaraciones a la prensa del nombre oficial de La Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre.

Guillermo González Sánchez, considerado el padre de la arquitectura moderna en República Dominicana, fue quien encabezó la construcción de la obra. Se le encargó el proyecto por su calidad como diseñador y su excelso manejo del lenguaje realista, según Al Martínez y José Enríque Delmonte Soñé. La idea que se debía representar, era la modernidad, el desarrollo y la supuesta apertura de ideas de la Era Trujillista. Sánchez también construyó otras edificaciones como el edifico Copello (1939), el Hotel Jaragua (1942), y el Hotel Hamaca (1951).

El Congreso de la República, donde se encuentra el Senado y la Cámara de Diputados, forma parte de La Feria.

Un espacio único en la región

Según la primera edición del 2014 del Laboratorio de Arquitectura Dominicana “no hay en el Caribe un espacio cívico de tal fuerza, de tan refinada estilización. No solo los edificios públicos demostraban los adelantos de la arquitectura local, sino muchos otros pabellones, diseñados y construidos por el equipo de arquitectos cercano a González”, “quien evidenció un dominio maestro de la escala y de los instrumentos necesarios para realizar un espacio público eficiente, simbólico y de gran belleza, dentro de los esquemas posteriormente sublimizados por Lucio Costa y Oscar Niemeyer en Brasilia”. Después del tibio recibimiento internacional de la Feria de la Paz, de la deuda resultante de este titánico emprendimiento estatal, de las invasiones orquestadas para derrumbar el régimen –particularmente la del 14 de junio de 1959-, y muy a pesar de los Barrios Obreros, el proceso de transición final hacia el turbulento año 1960 ya se había iniciado, en el que un grupo de hombres ajustició al generalísimo Trujillo, representando esto un antes y un después en la historia del país, puntualizan Al Martínez y Delmonte S.

Sombras
La Feria de la Paz arriba a sus 62 años el próximo mes, y aunque muchas de sus obras han sido remodeladas, hay otras que por el deterioro y el tiempo están abandonadas, como el Teatro Agua y Luz, y, en cierta medida, el Pabellón de las Banderas.

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