“Descubrí que no era hombre de ciencia sino periodista y terminé en este abrevadero fascinante”

Diógenes Pina
Periodista e investigador

Nació en Hato Mayor hace poco más de seis décadas, hijo de un hombre que se llama igual que él, pero que era conocido como “el sacamuelas” del pueblo y al que todo el mundo llamaba simplemente Pina. Cursó los estudios primarios en una escuela conocida “de las monjas” y, por influencia de su padre, al terminar el bachillerato quiso estudiar para ser técnico o mecánico dental, pero descubrió muy pronto que él no estaba hecho para ser “hombre de ciencia”, de manera que regresó a su pueblo, donde comenzó a escribir para un periódico local, hasta que finalmente regresó a la capital para trabajar en el desaparecido periódico El Siglo, donde comenzó un periplo por varios medios. Diógenes acaba de poner a circular su libro Sueños de octubre, un volumen que reúne sus mejores trabajos.

¿Cómo fue tu acercamiento al periodismo?
Al principio, cuando terminé el bachillerato en el Liceo César Nicolás Penson, como yo era hijo del “sacamuelas” del pueblo, quise estudiar para convertirme en técnico dental, al principio me pareció que sería natural que yo, como asistente de Pina, tendría que seguir su legado, pero no pasó mucho hasta descubrir que eso no era lo mío, así que regresé a Hato Mayor y al poco tiempo comencé a trabajar en un periódico local. Descubrí que no era hombre de ciencia sino periodista y terminé en este abrevadero fascinante. En esa época en Hato Mayor circulaban cuatro o cinco periódicos en el pueblo, eran como unos mensuarios, un fenómeno que se origina en los años setenta, creo que el primer periódico que circuló en Hato Mayor fue “El Informador Hatero”, no estoy muy seguro, lo dirigía un fotógrafo que se llamaba Alejandro Sánchez Mejía. Yo comencé publicando en El Espectador, que lo dirigía el periodista Miguel Santana Polanco, eso fue en los años noventa, publicaba informaciones relacionadas con los deportes, sobre todo de baloncesto.

¿Cuál fue el primer periódico donde trabajaste en la capital?
Mi primer trabajo en la capital fue en El Siglo, que dejó de circular en octubre de 2001, pero ya no como periodista deportivo, sino de temas políticos y de interés nacional, también estuve en la revista Rumbo, y en esa revista trabajé un reportaje sobre jovencitos que buscaban firmar con un equipo de la MLB, chicos que buscaban con esas firmas solucionar todos sus problemas económicos y de sus familias, que se tituló Soñadores de fortuna, fue tema de portada incluso y en esa revista estuve un tiempo que para mí fue muy fructífero.

¿Cómo fue tu llegada al semanario Clave, un proyecto que, si bien tuvo una vida muy breve, dio mucha agua de beber?
En mi primer intento de incorporarme a la revista Rumbo, Margarita Cordero, que era la jefa de redacción, no me contrató, pero me recomendó con Fausto Rosario, que estaba formando un núcleo para un nuevo cuerpo que se iba a incorporar en El Siglo, que se iba a llamar Enfoques, para hacer trabajos de “mayor calado” que los que publicaba ordinariamente el periódico El Siglo. Cuando se concibió el proyecto Clave y Fausto me llamó, yo ya era parte del equipo de El Informe con Alicia Ortega, así que renuncié en buenos términos, al menos quedé en buenos términos con Fernando Hasbún, y comencé mi trayectoria en el semanario Clave que originalmente fue Clave Digital, un portal de noticias que tuvo mucho éxito en su momento.

¿Estabas en Clave cuando se cerró ese semanario?
No, yo me había ido un año antes, para trabajar nuevamente en SIN Noticias como jefe de información, pero llegó un momento en que esa carga de trabajo, las decenas de llamadas que recibía todos los días, de gente que tenía denuncias y casos, más la intensidad de las tareas diarias, llegó un momento en que estuve a punto de colapsar, así que otra vez renuncié…

Sueños de octubre es el libro que acabas de publicar, ¿cómo fue la génesis de este proyecto?
Es un libro que recoge una buena parte de entrevistas desarrolladas en el discurrir de mi trabajo profesional, por ejemplo, con doña Mary Pérez de Marranzini y con el doctor Huberto Bogaert, personas que hicieron un trabajo que ha dejado huellas que todavía perduran en nuestro país, como la labor con los afectados por la poliomielitis que desarrolló la mamá de Celso Marranzini para fundar su Asociación Dominicana de Rehabilitación, que brinda una atención a los afectados de polio que no era posible de obtener para personas de escasos recursos, y en el caso del doctor Huberto Bogaert, por su desempeño con un problema que en su momento fue muy grave en la República Dominicana, que es la lepra, una enfermedad que no está totalmente erradicada, pero que en nuestro país, de haber sido inmanejable en su momento ha remitido precisamente gracias a gente como este médico, el fundador del Instituto de Dermatología.

¿Qué otros casos recogen las páginas de Sueños de octubre?
También quise hablar y dar a conocer en su momento a las madres de dos grandes peloteros, Pedro Martínez y Sammy Sosa, para conocer parte de la historia de estos dos hombres que fueron muy famosos en todo el mundo gracias a su capacidad y a su habilidad deportiva, de ahí la decisión de entrevistar a estas dos mujeres, doña Leopoldina Martínez y Mirella Sosa, también hay una entrevista a Andrés Openheimer, y una antigua charla con un joven llamado Luis Abinader que en aquella época estaba haciendo sus primeros pasos en la política dentro del Partido Revolucionario Dominicano.

Respecto de los libros ¿Tú crees que nuestro país necesita una política de fomento del libro y la lectura que sea más concreta y efectiva?
En una entrevista con doña Virtudes Uribe, fundadora de la librería La Trinitaria, ella me decía que soñaba con una editora que se dedicara a difundir en todo el mundo el libro dominicano, una cosa parecida a la que hicieron los rusos, porque gracias a esa política nosotros pudimos conocer a los grandes escritores rusos. Yo creo también que se necesita una política que les dé seguimiento a las publicaciones dominicanas, que se dedique a difundirlas por todo el mundo.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes que sueñan con publicar su primer libro?
Como yo no escribo ficciones, pero creo que la recomendación aplica para cualquiera que quiera escribir y publicar, lo primero es que se documente bien sobre cómo anda el mercado, de ahí hay que acomodar las expectativas para no terminar chocando contra la pared….

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