“El arte visual tiene un enorme potencial para transformar sociedades”

Carlos Rodríguez es un artista visual dominicano cuyo trabajo transita entre la cinematografía, la fotografía documental y el activismo visual. Graduado de la UASD, ha llevado su lente desde los bateyes hasta las pasarelas del Fashion Week, con apariciones en Vogue y The Advocate. Su documental Trans’It se utiliza como material educativo en universidades como Yale, Harvard y NYU. Cofundador de IURA y figura clave en la cultura Ballroom dominicana a través de Draguéalo, su obra visibiliza comunidades marginalizadas y cuestiona nociones tradicionales de belleza. Su visión siempre ha sido híbrida: desde sus estudios en Cinematografía y Medios Audiovisuales en la UASD aprendió a mirar cada escena como un relato completo. Desde el principio le interesó contar historias humanas cercanas a su realidad y descubrió: “Que la cámara podía amplificar historias que normalmente no se ven. Mi camino me llevó a documentar bateyes, manifestaciones, artistas y semanas de moda”, afirma.

¿Cómo evolucionó tu visión desde tus estudios en Cinematografía hasta ser fotógrafo internacional?
Mi visión siempre ha sido híbrida: desde mis estudios en Cinematografía y Medios Audiovisuales en la UASD aprendí a mirar cada escena como un relato completo. Desde el principio me interesó contar historias humanas cercanas a mi realidad. Descubrí que la cámara podía amplificar historias que normalmente no se ven. Mi camino me llevó a documentar bateyes, manifestaciones, artistas y semanas de moda. Entendí que cine y fotografía pueden transformar la percepción social y visibilizar comunidades invisibilizadas. Hoy cada proyecto mezcla lo estético con lo humano, con un compromiso profundo con la representación ética y la diversidad en el Caribe.

Fotografías desde bateyes hasta Fashion Week ¿Cómo navegas entre mundos tan diferentes?
Para mí no hay frontera: veo mi trabajo como un puente. Puedo estar capturando glamour en una semana de moda y luego mostrando resistencia en un batey. Siempre me enfoco en las personas y su autenticidad. La humanidad es el hilo conductor. El contraste me permite reflejar la riqueza: lo humilde y lo extravagante, lo local y lo global.

Has aparecido en Vogue y The Advocate ¿Cómo usas estas plataformas para amplificar voces marginalizadas?
Cada publicación puede ser un megáfono. No se trata de mí, sino de quién está delante de la cámara y qué historias necesitan ser escuchadas. Busco visibilizar a la comunidad LGBTQ+, especialmente a personas trans. Medios como The Advocate me permiten mostrar estas historias a audiencias globales: cada fotografía es una puerta de visibilidad donde quienes suelen ser invisibilizados pueden contar su historia. En República Dominicana y el Caribe hispano, estas plataformas permiten mostrar que nuestras realidades son dignas de reconocimiento.

¿Cómo influyó tu residencia en NYU en tu cercanía al activismo visual?
Estar en NYU fue un punto de inflexión. Participé en la División de Diversidad Estudiantil, el Centro LGBTQ y el Centro de Estudios Multiculturales, donde comprendí todas las posibilidades del activismo. Aprendí que esto no siempre se hace con discursos: las imágenes también humanizan y generan cambio social. Durante mi estancia en Nueva York, documenté manifestaciones pacíficas, proyectos educativos y colaboraciones como AIDS Walk New York. Esto reforzó mi comprensión de la ética detrás de la cámara, del impacto de las imágenes y de la importancia de trabajar colaborativamente con comunidades, siempre con respeto y sensibilidad.

¿Qué aporta tu perspectiva LGBTQ+ al behind the scenes del cine dominicano?
Mi experiencia como persona no binaria, que desde niño tuvo una expresión de género femenina, me sensibiliza frente a dinámicas de poder y discriminación que muchas veces pasan desapercibidas. Esto me permite actuar como observador crítico y aliado, contribuyendo a que los espacios de trabajo sean más inclusivos y seguros. Puedo notar microagresiones y espacios de exclusión. Mi presencia cuestiona los cánones tradicionales de masculinidad dominicana, aportando sensibilidad, diversidad y apertura.

¿Qué te motivó a crear Trans’It y cómo fue el proceso de ganar la confianza de las protagonistas?
Trans’It nació del deseo de visibilizar vidas trans dominicanas más allá de estereotipos, en un tiempo en que los medios tenían una imagen sumamente negativa sobre la comunidad Trans. Quería mostrar las experiencias de Geisha, Thalia y Tommy, quienes viven bajo un sistema de género restrictivo y conservador. La confianza se construye con respeto, tiempo y transparencia. No se trata de “tomar una foto”, sino de acompañar, escuchar y reflejar sus historias con honestidad. Busqué crear un espacio seguro donde pudieran expresarse sin ser juzgadas, mostrando no solo la opresión que enfrentan, sino también la riqueza de sus vidas.

Trans’It recorrió festivales mundiales. ¿Qué impacto ha tenido?
Trans’It abrió conversaciones sobre inclusión y derechos trans, tanto en RD como internacionalmente. Ha sensibilizado sobre discriminación y se ha convertido en referente para visibilizar comunidades marginadas. Su impacto continúa vivo como material educativo en universidades como Intec, Harvard, NYU, Rutgers, Pomona College y otras. Ha abierto espacios para que más historias trans sean contadas desde dentro de la comunidad, no desde la mirada externa. Lo más valioso es el diálogo que generó sobre identidad, género y representación.

Tu trabajo se ha enseñado en Yale y Brown ¿Cómo ves el rol pedagógico de tu arte?
Para mí el arte es un vehículo de aprendizaje y transformación. Que mi trabajo se use en universidades me recuerda que las imágenes son herramientas críticas para cuestionar normas y explorar la intersección entre arte, comunidad y activismo. En Yale y Brown, mis imágenes han abierto diálogos sobre diversidad, género y representación en el Caribe hispano. Mostrar estas historias enseña a futuros cineastas y activistas a acercarse con respeto, incentivando que más personas utilicen la imagen como herramienta de transformación social.

¿Qué estrategias usas para ganar la confianza de comunidades vulnerables que retratas?
Presencia constante y priorizar a la persona sobre la imagen. Escucho, acompaño, respeto sus tiempos y reconozco mi privilegio. Cada proyecto comienza con empatía: entender preocupaciones, necesidades y aspiraciones antes de tomar una foto o grabar una escena. Esto genera confianza y permite que las personas retratadas se expresen auténticamente, sin sentirse explotadas ni representadas de manera sensacionalista.

De fiesta privada a traer la cultura Ballroom a RD, ¿qué ha significado Draguéalo para la visibilidad queer dominicana?
De una fiesta casera entre amigxs, Draguéalo ha crecido como un referente de la cultura Ballroom en RD. Más que entretenimiento, es un lugar seguro donde la comunidad LGB/queer/trans puede expresarse libremente, explorar su talento y celebrar identidad. Cada ball busca visibilizar cuerpos e historias que normalmente no se ven, mezclando estética con resistencia y orgullo. Ha sido hermoso ver cómo se ha convertido en un referente de creatividad y empoderamiento LGBTQ+. Hoy seguimos construyendo comunidad, celebrando diversidad y trabajando para llevar la cultura Ballroom a todos los rincones posibles.

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