Amable Mejía nos comenta que desde muy joven se interesó en la literatura y ,de una forma u otra, en la escritura, pues desde su pueblo natal, Bonao, fue donde se educó al ser su padre un lector de novelas. “En Bonao escribí mis primeros poemas, pero fue en Santo Domingo, siendo estudiante de Derecho, que ingresé a un taller literario llamado César Vallejo, donde comencé mi relación real con el ambiente literario generacional, con un poco de entrega, que no me ha abandonado nunca”, manifestó Mejía. Asimismo, indicó que en Bonao tenía acceso a la buena literatura, a través de una buena biblioteca privada de una extensión de la Universidad Católica Madre y Maestra, como se llamaba en ese entonces, donde “las novedades literarias fluían para soñar y justificar el tiempo de la vida”.

¿Cómo definiría su poesía?
La defino como un vivir asombrado, buscando, buscando sin encontrar nada definitivo a no ser el conmover a un lector hasta el rechazo o el amor.

¿Cree que el poeta va “evolucionando” en su escritura?
Debe hacerlo, si no está condenado a no reconocerse a sí mismo y es penoso decirlo, a repetirse, a estancarse no importa la cantidad de libros que escriba o lea, que es una forma de creación. La evolución se refleja con una búsqueda constante de claridad interior.

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Por crisis personales. Entender a partir de una práctica de vida y una búsqueda constante de mi voz interior, a partir de la realidad en la que me desenvuelvo como sobreviviente de lo cotidiano. Con cada poemario, novela o cuento escrito, que no necesariamente esté publicado, me doy cuenta que no soy el mismo del libro anterior.

¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Tiendo a la síntesis en la escritura y esa es la pauta inconsciente a seguir por un trecho. No a buscar la palabra perfecta, pero sí la imagen que esté asociada a mi experiencia de vida, de la vida vivida, tanto del pasado como del presente inmediato. Soy muy intuitivo en mi creación y al tender a la brevedad, esta me dice hasta aquí llegó el poema en su ejercicio escritural. Digamos, una ola que busca mojar el interior del ser. De por sí sé cuándo un poema está terminado, entonces me devuelvo hacia adentro del poema para llenar los espacios simbólicos con la palabra que llega como una luz, ya más consciente. La corrección definitiva llega con la publicación, si llega.

¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, la lectura en vivo?
Un juego. Porque el hecho de leer un poema en público no significa que lo estén escuchando. Entonces, cuando leo en público lo que estoy haciendo es oyéndome a mí mismo, y ahí termina todo.

¿Cómo ve actualmente la industria editorial en RD?
La industria editorial no existe en el país, si se entiende como tal que alguien te publique el libro y motive al lector a consumirlo mediante la venta. Lo que hay son negocios de unos cuantos que tampoco existen y que le permite jugar a ser lo que no son. Aquí publican los libros por sí mismos.

En su caso, ¿cómo nace un poema?
Un poema nace para mí como asombro, que yo, dizque pueda reducirlo a una imagen, a una palabra, a una metáfora… La herida que se me abre con asombro la ligo con las palabras y un motivo que es la semilla metafísica.

¿De qué se nutre su poesía?
Mi poesía se nutre de la vida y la lectura; de mis contradicciones con todo, desde lo sagrado hasta lo cotidiano. Que van desde una puesta de sol hasta toda la noche que discurre como un torrente sanguíneo que incluye también, en círculos, al día, las gentes, todo ser vivo, todas las ideas, todas las religiones, todas las creencias, todos los amores, menos odiar, por supuesto.

¿Qué eventos literarios son memorables para usted?
La publicación de mi primer opúsculo de poesía, llamado “Días de semana” en 2001 por un amigo, tras muchas insistencias. Consideraba inútil publicar.

¿Qué estímulo es más importante para la creación literaria, la experiencia cultural o la cotidiana?
La cotidiana, que al final lo resume todo. La cotidiana críticamente para sí mismo y en el medio en que uno se desenvuelve, sin cobrar nada por supuesto, ni victimizarse para llamar a la atención. El estímulo cotidiano, resumido en el vivir, logra de lo cultural y la cotidiana, una perfecta unidad.

¿Qué influencia cree que tiene la poesía en la literatura dominicana?
Antes que nada, la poesía como género literario, como forma de expresión de lo más íntimo de un ser humano, lo es todo, y lo que lo es todo antes de pensarlo o llevarlo a cabo, ya lo arropa todo y lo significa todo, aunque conscientemente se niegue. Cualquier creador de formas artísticas que obvie la poesía no va para ningún lado y si se mueve es para hundirse más. Así que, hablar de la influencia de la poesía en nuestra literatura es como hacerlo de nuestro adorable clima. Si la poesía lo es todo, hablar de influencia es como hacerlo de la sangre. Para mí sin poesía no hay arte ni vida, cosa que también puede someterse a duda.

¿Qué otro género literario cultiva?
Escribo novelas cortas, cuentos… Hago ejercicios de opinión en diarios del país. Ahora mismo tengo tres novelas publicadas y desconocidas a la vez como los otros libros, que son: Primavera sin premura (2008); La isla de los hombres felices (2012) y Muerte en noche de palomas (2020). Un libro de cuento, Entre familia (2004) y cuatro de poesía. Días de semana 2001); El amor y la baratija (2007); Novo mundo (2015) y El otro cielo (2019). Todos navegando en el mar de los Sargazos, entre el anonimato de un lector cómplice, que no lo sabe, y yo.

Opinión
La industria editorial no existe en el país, si se entiende como tal que alguien te publique el libro y motive al lector a consumirlo mediante la venta”.

Posted in Entrevista CulturalEtiquetas

Más de cultura

Más leídas de cultura

Las Más leídas