Secuelas y remakes no tienen un objetivo artístico, solamente sacar más cuartos
Con muchísima frecuencia, por mi especialidad de caricaturista y estudioso del rostro, le encuentro el doble a buena cantidad de gente que conozco. Para citar unos cuantos: Cynthia, secretaria de la Regional Norte de Cultura (2019) me recordó inmediatamente a Jaqueline Picasso.
El mariachi Caballero, sin sombrero, es el personaje Hell Boy. Antonio Taveras, el senador agroindustrial, me trajo a la memoria a Hopalong Cassidy. En la película turca Masum, encontré a Mariano Hernández al igual que en El Vuelo del Cucú. En la serie turca también, Karadayi, un gángster bueno, Dalyan, es el mellizo de Ray Vásquez, el arquitecto y ciclista conocido con el mote de “El americano”.
Defelt, que es uno de los locos del “Nido del Cucú” de Milos Forman, es, por lo menos, primo de Amable Aristy. Jean-Baptiste Belley conocido como Mars e inmortalizado por Anne-Louise Girodet en 1797 y es exactamente Peña Gómez. Y la lista es larguísima. Omar Fortuna es, manque sea, sobrino de Sanvitor, mi mecánico de Pontezuela y vecino de Leonardo Padura.
Juampa, carnavalero de Cotuí, viene de la misma tribu que Johnny Ventura, y hay más. entonces, ¿por qué en Hollywood tienen que poner a Anthony Hopkins como Picasso que no pega ni con almidón de chichigua? Ni Molina como Diego Rivera en “Frida”. Porque cuando se trata de un personaje de la vida real no basta la interpretación, el rol. Es importante el parentesco, para que sea creíble. Pero a mí no me crean.

•Para interpretar el rol de Alberto Giacometti en la película “Final portrait” de Stanley Tucci, se eligió a Geoffrey Rush, el capitán Barbossa de “Los piratas del Caribe”. El parecido es perfecto, sin embargo, es decepcionante el carácter de cascarrabias atribuido al escultor. O Geoffrey es mal dirigido, o él sigue siendo Barbossa con ropa de bohemio parisino. Es fácil comprobarlo porque existe un documental en el que se puede captar, al vuelo, el carácter tímido, tranquilo, humilde y humano del artista. Barbossa lo convierte en un Pitufo Gruñón, arrogante, maleducado, & C.
•En una serie de Netflix, El ministerio del tiempo, donde presentan pasillos con numerosas puertas que se abren en una fecha o en un año específico para ir al pasado y velar por que nada altere la Historia, aparecen personajes cuyo parecido es tal que nos da la impresión de haber viajado al pasado con ellos. El general Ambrosio Spínola que se hizo famoso en el cuadro “La rendición de Breda” de Velázquez más que en sus batallas contra los holandeses; Federico García Lorca y Salvador Dalí que se le ve hasta mejor, menos arrogante y menos pretencioso. ¡Qué toque mágico, el parentesco! Y no es Inteligencia Artificial.

•La muerte de Jerome Lester Horwitz o Curly Howard, el gordo de “Los tres chiflados” y físico de profesión, es igualito al Rey de Inglaterra Henry Vlll. Después de más de 200 películas, parece que no les importó mucho y el hermano mayor de Curly y Moe, Shemp, reemplazó al simpático gordito con una actuación que daba pena por lo aparatosa en su empeño de hacerse el gracioso. Peor fueron los que vinieron luego como sustitutos de Curly. Esa es la vaina de Hollywood, que cuando inventan una maquinita de hacer cuarto no los para ni su madre.
•En las películas de vaqueros de los años 40, 50, 60, todas en blanco y negro, podíamos apreciar la destreza de los actores cabalgando sus caballos a toda velocidad, detener la diligencia y hasta, en algunas, exhibición fortuita, como la que hizo John Wayne joven sobre dos “mustangs” al galope con un pie en uno y otro en el segundo. Pero lo que nunca pudimos descifrar fueron dos cosas: 1. ¿Cómo diablo corría la diligencia si sus ruedas giraban en sentido contrario del movimiento? Se produce una ilusión óptica según nos contó el Dotol Suárez en sus magistrales clases de Física. Lo otro era, ¿cómo lograban los vaqueros saltar desde un balcón y caer en la silla del caballo que los esperaba atrás, luego de un silbido cómplice? La preocupación y la incógnita no era por el silbido, ni por la silla de montar y menos por el lomo del caballo.

•Si hay una cosa en el cine que no tiene sentido, es querer hacer la biografía de un actor. ¿A quién se le puede ocurrir escenificar a Chaplin? ¿No es una pendejada de mal gusto poner a alguien a imitar a Cantinflas? ¿Puede Hollywood reemplazar a Curly Howard en “Los Chiflados”? y menos en la película. Y ahora, los mexicanos, copiones, quieren poner un monigote que haga de Chapulín.
•Los “remakes” o repeticiones, en su afán de dinero, no aportan nada al arte cinematográfico.
Uno de los peores que he visto fue “La fille du puisatier” (la hija del pocero) en la que Daniel Auteuil, que le falta imaginación y creatividad, y que le sobra codicia, pretende meter a Kad Merad en el rol que inicialmente jugó Fernandel en 1940. Es, sencillamente, conseguir fama y dinero a costilla del talento de otro. ¡Voila!

•Finalmente, y cayendo en Santo Domingo, a nosotros, más que “ley de mecenazgo”, necesitamos un escuela para poder empezar dentro de 30 ó 50 años. Es claro que confundimos los cuadros de comedia de la televisión, o las discusiones de cualquier pulpería para engachar a “actores” que, aparte de mal actuar, hablan más duro que un sordo. Obviaron la escuela cinematográfica que debe pasar por Chaplin, Eisenstein y un buen etcétera. Nos salvan los turcos con sus kilométricas series bien elaboradas, inspiradas en la literatura rusa, en muchos casos, y, buenos guionistas como Harlan Coben (“El Bosque”, “Engaños”, “Quédate cerca”, “No hables con extraños”, “Ni una palabra”…) que está elevando las policíacas mucho más allá de donde la dejaron Conan Doyle y Agatha.
