La balada de Buster Scruggs

The Ballad of Buster Scruggs por Netflix. Si vio Relatos Salvajes, es lo que verá en la construcción de ésta con seis cortometrajes a partir adaptaciones de cuentos que retratan historias del momento de la colonización del oeste norteamericano –todos con cara de Western. Cada historia tiene un abordaje narrativo donde resaltan esos enfoques de humor cáustico tan presente en el estilo de los hermanos Coen como igual ciertas alegorías para explicitar hondas reflexiones, y asimismo esas tramas que procuran sorprendernos con remates absurdos en que caen los personajes y terminan las historias.

El común denominador de todas las historias es la muerte, y de estados o actitudes o conductas o comportamientos de los personajes donde o son víctimas o victimarios, pero casi siempre victimas del destino que todos tenemos, personajes en una lucha constante consigo mismos teniendo que decidir siempre cómo avanzar sin los lastres del pasado. Así es como somos enfrentados a simbologías del ego, o del enfrentamiento entre la barbarie y el conocimiento, o a la codicia por el oro, o a las actitudes religiosas de cuño metodista y episcopal, pero también una lección sobre la vida en el cuento final cuando los personajes debaten sobre sus juicios sobre la vida y la muerte mientras avanzan en un carruaje (cuya puesta en escena retrotrae al filme La Diligencia, 1939, dirigido por John Ford), la sabia narrativa se inicia con el inicio de la noche en un viaje que nos acerca a una atmósfera de terror, muy bien llevada por la cinematografía esplendorosa y el apoyo musical –nos queda en la memoria el plano del cochero arreando los caballos en una corrida loca mientras un pasajero le pide que se detenga, pero no lo hace porque como dice otro personaje: “nunca se detiene. Es la norma”. Pues bien, el suspenso es su mejor herramienta para el desarrollo de acciones y conflictos claves en cada historia, pues desde la primera que da título al universo y marca el tono, ya intuimos que los personajes protagónicos tendrán un final nefasto.

Y todas las tragedias tienen un contrapunto visual de imponente belleza de los escenarios y ambientes en que discurren las tramas, con encuadres y ángulos perfectamente justificados. Los seis cuadros nos muestran, en gran medida, lo que fue esa colonización implacable del oeste norteamericano: robos de bancos, linchamientos, juicios sumarios por un juez autoerigido como tal, caravanas de artistas, duelos de pistoleros, batallas de cowboys contra indios, cazadores de recompensas, lucha a muerte por el oro.

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