A santiago vino y Alix se quedó (4ª. décima parte)

El pueblo dominicano es acción sobre todo, y Duarte no puede ser su cabeza, porque él es palabras y no hechos

En esta cuarta parte continuamos con el prólogo de José Ramón López a la primera edición de “Décimas de J. A. Alix”: …Pero no te rías de ellos, poeta. No son los únicos en la República. En política, en pecuaria, en agricultura, en comercio, en muchas cosas más, tienes entre nosotros infinidad de modernistas que andan en dos pies y aún les faltan dos mil años para haber nacido. No te asustes: no son muertos que salen. Son non natos que aparecen.

Como literatos –por lo general– deberían llamarse loristas y, si quieres apartarte de lo natural para meterte en lo artificioso, fonográficos. Ecos de lecturas y de conversaciones, sus novedades no tienen contemporáneos en la isla sino en la geología.

Junto a ellos la misma ceiba del Ozama es cosa del porvenir.
Este de la República Dominicana es un pueblo de poca fortuna. Casi siempre ha estado acéfalo. No lo digo por pesimismo.

Peco, al contrario, no optimista. Es que creo y espero en lo bueno, y veo aquí talento y otros agentes para llegar al desiderátum, a pesar de que hoy le damos las espaldas a lo rafaélico y el frente a lo churrigueresco. En política no podemos erigir, con justicia, sino una estatua anónima; un patiporsuelo, en mangas de camisa, arrollado de piernas y brazos, con sombrero de cana y un sable encabado en la mano. Ese es el verdadero, el único prócer de nuestra guerra de independencia.

El pueblo dominicano es acción, sobre todo. Y Duarte no puede ser su cabeza, porque Duarte, virtuoso e inteligente, era palabras y no hechos. Sánchez, virtud también, no fue hecho ni palabra. Solo tuvo dos grandes horas en su vida: el 27 de febrero y el 4 de julio. Mella era espíritu dominicano: valor y acción; pero acción algo descoyuntada, carente de la notable intelectualidad del mayor número de los dominicanos. En cuanto a Santana, el gran militar que pudo ser la brillantísima corona del pueblo dominicano, ignoró que persona alguna puede comparecer decorosamente ante la historia con dos caras, por grandes que sean, y agregó a su faz adorable de Liberador la facha odiosa de anexionista.

Pero volvamos a la literatura, que a mí se me fue la mano y escribí cosas que no son necesarias y hasta pueden perjudicarme.

Opino que, lo mismo que un industrial sería en todos los conceptos un infeliz y si estableciera una fábrica de abanicos en la zona glacial, un literato que se dedique a producir creaciones intelectuales ajenas al alma dominicana, en Santo Domingo, no pasa de ser un desgraciado.

Y no basta para hacer literatura nacional darle el parecido físico

Un hombre puede ser retratado en una escultura. Pero mucho más que el retrato-estatua se parecerá al original otro hombre, porque coinciden ambos en el alma, en la intelectualidad, en la vida psíquica. Si tú coges una campesina y con magistrales versos le pintas la cara, el talle y el traje, y no le haces pensar y hablar y actuar como lo hacen las campesinas dominicanas no habrás burilado literatura nacional.

Habrás representado alguna campesina de algún punto de la Tierra que no sea la República Dominicana. Por eso creo bien merecida, muy merecida, merecidísima la deferencia nacional de que ha sido objeto el distinguidísimo Don José Gabriel García, y opino que algo parecido debe hacerse con Juan Antonio Alix quien, en otra rama, ha sido perfectamente dominicano en su inmensa labor.

Y no pueden alegar los literatos domínico-extranjeros que «de asuntos falta enmudeció la lira», porque no hay país del mundo que supere al nuestro en argumentos para artísticas creaciones literarias. El trabajo está, no en buscar, sino en desechar. Y todos asuntos nobles, simpáticos, crueles una que otra vez, pero nunca canallescos. No hay calabreses ni campesinos de Sierra Morena, trabuco en mano desvalijando caminantes; pero pululan los nobles guerrilleros, sable al cinto y fusil al hombro, peleando por su fuero o su caudillo; no hay trovadores ni caballeros andantes; pero ambos se han fundido en una pieza, en el rústico preducidor que, rascando el güiro, con sus armas a la cintura, y la mirada en el lindo semblante de su pretendida, improvisa poéticas décimas una noche entera y sale de la enramada a sacarse las entrañas con cualquiera que discuta la belleza, el amor o las virtudes de la amada a quien dedica sus improvisaciones.

La lucha política, la lucha social, la lucha industrial en la República Dominicana es rico y variadísimo semillero de poesía, de arte de todo género, y solo la espesa venda de sugestión extranjera y arcaica que ciega los ojos del espíritu de nuestros artistas hace que no sean aprovechadas en toda su extensión y su valor esas materias primas de arte nacional, ofrecidas gratuitamente a quien quiera lucrarse de ellas y deleitarnos haciéndoles el espejo en que se retrate el alma dominicana.

Y aquí paro, no sea que, sin alcanzar el bien que para todos deseo, díscolo se resienta y crea ofendido.
Con todo, supongo que lo dicho basta para obsequiar tu deseo de saber mi opinión sobre el punto concreto al que aludes.
No te digo sí ni no respecto a él; pero te he expuesto en líneas generales con las que puedes medir el caso preguntado.
Tuyo affmo.
El Diario, 5 y 6 de mayo de 1908.
(continuará, siempre sin IA).

Posted in Las vainas de MercaderEtiquetas

Más de cultura

Más leídas de cultura

Las Más leídas