Los 16 innings de Marichal que estremecieron al mundo (IV)

4° INNING
Hasta este cuarto inning todo parece normal: los dos píchers lucen en forma y ambos dispuestos a ganar. Para muchos fanáticos es verdaderamente sorprendente ver jugadores negros y más aun latinos. El equipo de San Francisco alberga en este mismo juego a cuatro, algo imposible, hace unos pocos años. Junto a Marichal están José Pagán, Orlando Cepeda, Felipe y Mateo Alou en el banco. Hace apenas una década se disolvió la Liga Negra que agrupaba a todos los jugadores descendientes de África, traídos como esclavos al continente. Cuando el 1° de enero de 1863 Lincoln abolió la esclavitud, los Estados del Sur formaron la Confederación de Estados, prácticamente otro país, para poder continuar disfrutando de la mano de obra negra esclavizada, motivo por el que se armó la Guerra de Secesión: los estados del norte contra los estados del sur. Aunque ganó el norte para aplicar la abolición de Lincoln, los afroamericanos siguieron siendo maltratados.

(T1) Y de eso estaba consciente Hank Aaron, quien hacía su aparición al bate. De esas cuestiones de raza, Marichal no conocía mucho porque en Montecristi solo se hablaba del miedo a los haitianos, que pudieran invadir de nuevo; pero no era un temor racial. Como él fue a jugar pelota, toda discriminación que vivió fue tolerada y aceptada, que él no era político para resolver esos conflictos. Con cuenta de 2-2, Aaron soltó un batazo hacia el left que McCovey atrapó en una carrera hacia la línea de fao. Gentilmente, luego de que Jocko Conlan, el ampaya de tercera indicara el out, McCovey le lanzó suavemente la pelota a un niño que lucía gorra de San Francisco en las graderías del left.

De regreso al dugout, Hank Aaron no pensó ni en el Ku Klux Klan ni en los políticos republicanos que se oponían a que los negros estudiaran en las universidades. Él, como Marichal, era un muchachón alegre y sin rencores, que disfrutaba de la pelota; la política era una cuestión complicada de adultos y corruptos.
(T2) Eddy Mathews, ahora en el home, lucía resplandeciente de juventud. Era una de las grandes estrellas, al igual que Mickey Mantle y Ted Williams. Marichal lo conocía bien, sabía de sus preferencias. El primer lanzamiento pasó por el medio del home como un celaje que terminó en strike, en la mascota de Bailey. Mathews tenía la sangre liviana, su respuesta a ese primer lanzamiento fue una sonrisa al ampaya aceptándolo.

El segundo tiro fue una hermosa curva hacia afuera que a Mathews le gustó; pero solo consiguió dar un rolin de fao hasta el coach de primera. Ahora en el hoyo 0-2, Marichal le tiró, por debajo del brazo, uno de esos lanzamientos que dominaron su repertorio cuando jugaba para el equipo de Ramfis Trujillo en Santo Domingo. El ampaya cantó bola para satisfacción del cuarto bate. Una bola más equilibró el conteo. Con 2-2 Juanico lo puso a abanicar con una curva que rompió frente a frente del corpulento jugador.

(T3) Larker, con su número 9 resplandeciendo en la espalda, tenía cara de hit, una sonrisita maliciosa como del que descubriera la clave para embasarse. Efectivamente, luego de esperar pacientemente el tercer lanzamiento conectó un batazo largo, largo, laaaaaaaaaargo que se iba, se iba y… se fue; pero de fao. Con cuenta de 3-1 recibió base por bola.

(T4) Con corredor en primera y dos outs, Jones apareció con un bate enorme que le daba vuelta sobre la cabeza. Al primer lanzamiento de Marichal le sacó una línea al left por encima de la cabeza de José Pagán, que nada pudo hacer para atraparla. La velocidad de la línea y la rapidez de McCovey en cortarla impidió a Larker correrse a la tercera. McCovey se desempeñaba muy bien, a pesar de que su posición natural era la primera.

(T5) Por primera vez en la noche Marichal enfrenta un quinto bateador en un inning. Crandall se quitó las rodilleras y se presentó al plato. Marichal miró con la rabiza del ojo derecho hacia la segunda y, con el otro, al bateador. El primer tiro fue una línea de fao. Tanto Larker como Jones regresaron a sus respectivas bases, segunda y primera. Después de dos lanzamientos que Crandall devolvió en forma de fao, con cuenta 0-2, Crandall logró una línea de hit entre right y center que Felipe interceptó con la rapidez del rayo. Sin pérdida de tiempo los dos corredores se lanzaron a ganar el home y la tercera. Larker dobló la tercera como un bólido hacia el home, pero el riflazo de Felipe la puso de strike y Bailey atajó lo que hubiese sido la carrera del triunfo de Milwaukee. Marichal se había agachado para que el certero tiro de Felipe siguiera su destino hacia el quécher. Ahora se levantaba tranquilo y emprendió su marcha hacia el dugout.

El duelo sigue Bravos 0 Gigantes 0

(T1) En el dugout todos los Gigantes se apretujaban para felicitar a Felipe y a Marichal. Alvin Dark, desde un rincón, se limitó a sonreír y a aplaudir como indicando un “vamo arriba muchachos”, pero en inglés, porque ya él mismo había prohibido el español en la cueva. Los ancestros de Willie Mays probablemente llegaron a América en el barco negrero “Amistad” junto con los de McCovey con “mercancía” de las costas de Angola. Esa coincidencia es pura conjetura del autor basándose únicamente en la sonrisa de ambos, el entusiasmo y amistad que siempre les caracterizó tanto en el terreno de juego como fuera. Pero ese pensamiento quizás le cruzó por la mente a Mays cuando, ya retirado, vio la película de Steven Spielberg que describía crudamente el trato de aquellos infelices. Warren Spahn lo miró, sabía que no podía descuidarlo y así lo hizo hasta ponerlo en situación difícil de 3-2 cuando Mays le chocó la pelota, casi la desaforra.

Lamentablemente para el center de los Gigantes, la pelota rodó hasta el siore y, aunque Mays corrió como Jesse Owens, Chris Pelekoudas le cantó out en primera.

Tanto los jugadores de San Francisco como sus fanáticos volvían a este cierre del cuarto inning con mucha energía. El inning anterior los puso en vilo pensando que Larker anotaría y los Bravos se irían arriba con la primera carrera del juego. Cuando le cantaron out a Mays, el público soltó a coro un “buuuuuu” que remeneó el Candlestick Park.

(T2) Con la misma energía, emergía McCovey, con una media sonrisa, desde el círculo de espera. De los tres bates que sacudía, eligió el más pesado y con él pasó al home. Midió la distancia tocando la punta del bate. Spahn se puso de acuerdo con Crandell y le tiró una bola pegada.

Los files estaban casi recostados a la pared, principalmente el del right field que sabía que esa era su zona.

Con dos faos más y cuenta 1-2, McCovey enganchó una curva de Spahn, soltó una línea que picó en medio del right, pero se tuvo que conformar con un sencillo. En pocos segundos Frank Bolling poseía la bola en la segunda. Indudablemente que Mays hubiese convertido el tablazo en doble, pero no una patana como McCovey.

(T3) Felipe se ilusionó con una recta alta para sacar un roletazo por el siore que mató a McCovey en segunda. La velocidad de Felipe impidió la doble matanza.

(T4) Cepeda, con dos out y Felipe, amenazante en la primera, buscaba la primera carrera de San Francisco. Las amenazas de Felipe no alcanzaban los dos metros de la almohadilla. Era la ventaja de Spahn como zurdo.

Antes del primer lanzamiento Spahn se viró tres veces a la primera, pero Felipe regresó cada vez sin problemas y sin tener que deslizarse. Cuando Spahn se decidió a tirar pal home, Peruchín lo esperaba y le tiró con todo lo que tenía, solo que el bate no encontró la bola y nada más pudo sacar un globito al pícher. Mateo lucía el número 41 calentando el banco. Hubiera querido jugar y ayudar a Marichal; pero Dark seguía oscuro y obstinado contra los latinos. Cuando los Gigantes lo cambiaron para los Piratas años más tarde, jugó el año entero (1966) y bateó tan duro que se llevó la corana de bateo con un average de 342. Fue otro gran error de San Francisco parecido al cambio de Felipe y Cepeda.
(Escrito sin Inteligencia Artificial)

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