5° INNING
La fanaticada puertorriqueña estaba dividida en la simpatía a Cepeda. Su padre, Peruchín Cepeda, fue un gran pelotero boricua, pero ahora Puerto Rico estaba dominado por una dependencia neocolonial y a punto de perder su idioma y su identidad. Claro que Cepeda era un orgullo para el fanático de la isla vecina, pero no se podía olvidar los esfuerzos que hicieron Lolita Lebrón y el grupo de independentistas que luchaban por un Puerto Rico libre. Cepeda, como la mayoría de jugadores, no pensaba en nada que fuera política. Son contados los jugadores que se involucran en cuestiones fuera de la pelota y en eso resaltaron Roberto Clemente y Curt Flood. El primero, por su sensibilidad humana y el segundo, por su rebeldía y lucha a favor de los peloteros contra los dueños de equipos que los negociaban como si fuesen quintales de yuca. Clemente tenía clara la cuestión de su identidad de puertorriqueño y odiaba que lo llamaran Bob.
Muchas fueron las desconsideraciones.
Para 1966, Marichal exigía un salario de 75 mil dólares, pero el gerente general de los Gigantes, Chub Feeney, le dijo que ellos no tenían ese dinero. Marichal estaba decidido a no jugar hasta que Heman Franks (quien sustituyó a Alvin Dark) le llamó y le dijo que se presentara a los entrenamientos, que todo estaba arreglado. Marichal se topó entonces con Feeney, quien le pidió que pasara por su oficina para negociar. Y él le respondió que no, que Franks le había dicho que todo estaba arreglado. Feeney le respondió a Marichal que él no iba “nunca a ganarse 75 mil cortando caña”. Marichal le respondió que probablemente que no, pero que podía ganar más con otro equipo si ellos lo liberaban. Y es esa, una de las grandes batallas del béisbol que se dio contra los propietarios. Fue Curt Flood quien se paró en dos patas y les dijo a los Cardenales “a mí no me mandan ustedes a Filadelfia. Yo no juego con esos racistas de la mierda”. Y no lo mandaron.
(T1) McMillan fue un out fácil en el inicio del quinto. Con una cuenta de 2-2 conectó un rolin directo al guante de Pagán, quien lo remató en primera.
(T2) Spahn vino al bate como un bateador cualquiera. Todavía quedaban píchers que eran formados para el bateo, una época que no contaba todavía con el bateador asignado. Spahn era capaz de soltarle un tablazo a cualquier pícher, como lo demostró en este mismo juego, pero más tarde. En este turno Marichal lo ponchó poniéndolo a cazar mariposas.
(T3) El primer bate, Lee, de la artillería de Milwaukee volvió al home buscando un primer hit del juego. Los dos flais anteriores lo decepcionaban un poco, de manera que en este turno se armó de paciencia para esperar la de él. Con tres bolas más y un fao, recibió un boleto gratis a la primera. Fue un lanzamiento un poco adentro que pasó por el centro. Bailey se levantó para retirarse hacia el dugout; pero el ampaya cantó bola mala. Todos los jugadores del terreno volvieron a ocupar sus posiciones. Marichal mismo hizo una mueca de desaprobación, lo que no impidió a Bolling colocarse delante del quécher con su tolete al aire.
(T4) Lee Maye se alejaba considerablemente de Cepeda, quien enfocaba a Marichal con el mascotín. Pero Marichal prefirió concentrarse en Bolling y le lanzó el primer strike. Maye entendió el gesto de Marichal de no perseguirlo, de manera que, cuando este estaba bajando el pie de las nubes, ya él iba por mitad de camino hacia la segunda y Bailey ni se molestó en lanzar. Si Maye hubiese querido robarse la tercera lo hubiera hecho fácilmente porque Marichal seguía concentrado en Bolling. El primer lanzamiento con Maye en segunda fue una curva que abría hacia afuera y que Bolling golpeó con solidez para sacar una línea que marcaba su trayectoria desde el bate al guante de Harvey Kuenn en la tercera base.
(T1) Gigantes al bate. A Bailey le dio justo el tiempo del calentamiento en el terreno de los Bravos para quitarse la careta, pechera y rodilleras. Sin tiempo para ningún swing, se paró en el home cuando Dell Crandall hacía el lanzamiento rutinario que marcaba el fin de las prácticas intra inning.
Bailey no hizo servicio militar que interrumpiera su carrera de pelotero. Todavía Cassius Clay no se había cambiado el nombre (lo hizo el año siguiente después de la pelea contra Sonny Liston) y tampoco se había negado a ir a Vietnam, lo que hizo el 8 de mayo de 1967. “Yo no tengo que recorrer más de 15 mil kilómetros para ir a matar gente inocente” declararía cuando no aceptó participar de una de las guerras más crueles e inhumanas. Diferente a Spahn que perdió tres años enrolado en el ejército. Spahn no jugó en las temporadas de 1943, 44 y 45.
Ed Bailey batea a la izquierda, aunque tira a la derecha. Su número 6 se veía perfectamente desde las gradas; Spahn se preparaba para dominar otro inning. Sabía que no vendría la batería fuerte de San Francisco. Al primer lanzamiento, Bailey sacó un fao de línea hacia atrás que casi le cepilla el caco al ampaya. Nuevamente Bailey colocó sus 205 libras frente al plato en espera de otro cañonazo de Spahn. Lo dejó pasar y se lo cantaron. El próximo también lo dejó pasar, pero ahora una curva que abrió demasiado hacia afuera y que Crandall no pudo atrapar. Con cuenta de 1-2 sacó un roletazo hasta la primera. Larker la recogió como si nada y él mismo pisó la almohadilla.
(T2) José Pagán se inició en el equipo de los Gigantes en 1959 y, aunque no se puede decir que era un afroamericano, el hecho de ser latino, lo metía en el paquete con las discriminaciones correspondientes a la época. No era un jugador alborotado; sus cuatro años en el equipo era la mejor prueba de su buena participación como jugador regular o casi. Ni los latinos, ni los negros eran del agrado del mánager Dark, quien llegó a decir que la serie del año anterior, frente a los Yankees, la perdieron “porque en el equipo había muchos negros y latinos” y otras barbaridades más.
Para Spahn, Pagán era un bateador conocido y le lanzó todo su repertorio correspondiente para engañarlo y, justo en el segundo lanzamiento, lo obligó a sacar un flaicito al siore.
(T3) Chuck Hiller, con tan solo 28 años, es un bateador zurdo, liviano de 170 libras. Al primer lanzamiento sacó un flai que Bolling en la segunda pidió y atrapó.
(Escrito sin Inteligencia Artificial)




