“Ellos no han muerto, viven en la conciencia de cada uno de nosotros”, dijo el reverendo Sergio Figueredo durante la honra fúnebre dedicada un año después a las víctimas
Con motivo del 60 aniversario del violento ametrallamiento de una manifestación estudiantil realizada frente al Palacio Nacional en febrero del 1966, en el que varios jóvenes perdieron la vida, la Zona Retro de esta semana evoca cómo, un año después de aquel suceso, el recuerdo permanecía vivo en la memoria y en el corazón de todo el país.
Antecedentes
En la mañana del 9 de febrero de 1966, en la puerta sur del Palacio Nacional, durante una marcha estudiantil organizada en defensa del derecho a la educación, los jóvenes participantes fueron atacados a tiros, un hecho que terminó transformándose en una tragedia marcada por la sangre.
Lo que inició como una manifestación pacífica para exigir el cumplimiento de la ley en favor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo terminó convirtiéndose en un tiroteo que dejó civiles y agentes policiales heridos, además de varias víctimas fatales en el lugar
Primer aniversario: la memoria que no se olvida
Al cumplirse un año de aquellos hechos trágicos, el 9 de febrero de 1967, que todavía permanecían presentes en la memoria y el sentir del pueblo dominicano, la Universidad Autónoma de Santo Domingo realizó diversos actos conmemorativos en recuerdo del ametrallamiento de los estudiantes frente a la Casa de Gobierno.
Los actos comenzaron con una ceremonia fúnebre oficiada por el reverendo Sergio Figueredo, quien expresó que, como asesor de los estudiantes, consideraba un deber de todos mantener viva la memoria de quienes habían caído un año atrás.
Asimismo, recordó que estuvo presente cuando trasladaron a Persio herido a la clínica de Abel González, donde falleció en la madrugada; también evocó a Carmelita Ricart y a otros más que perdieron la vida en aquel trágico suceso que marcó al país. “Ellos no han muerto, dijo ellos viven en la conciencia de cada uno de nosotros”.
En ese contexto, el rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, doctor Julio César Castaños Espaillat, manifestó que aún se percibía sobre todos el recuerdo sombrío y doloroso de aquellas muertes. Señaló que las víctimas parecían seguir presentes, exigiendo con su sangre una voz que perpetuara en el tiempo el sufrimiento con que cayeron y la profunda tristeza del pueblo dominicano, en un momento en que la injusticia se transformó en balas para truncar la esperanza juvenil de una protesta legítima y de un clamor necesario.
Recuerdo y tributo: ceremonia con tarja y flores
Además, al momento de develar una tarja en honor a los estudiantes fallecidos, afirmó que eran mártires y que aquella placa constituía un sacrificio de bronce frente a su muerte causada por el plomo. Expresó que la inscripción grabada en ella simbolizaba las lágrimas solidificadas por el dolor de sus heridas y por su partida innecesaria, injusta y prematura, derramadas por su madre espiritual, la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
La tarja contenía la siguiente inscripción: “In Memoriam. Homenaje a los mártires del día 9 de febrero de 1966: estudiantes y hombres del pueblo caídos frente al Palacio Nacional bajo la metralla de las fuerzas represivas, mientras defendían con su voz de protesta los derechos del pueblo, los de esta universidad y la soberanía mancillada. 9 de febrero de 1967”.
Por su parte, la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) depositó una ofrenda floral que decía: “A los caídos frente al Palacio el 9 de febrero 66, FED”.
A los actos asistieron representaciones de las distintas facultades, con sus catedráticos. Además de centenares de alumnos universitarios.

Un año después, la memoria colectiva no olvida la tragedia
Por otra parte, la cancelación de una marcha estudiantil, junto con la realización de varios micros mítines y la quema de neumáticos, generaron disturbios en distintos puntos de la zona baja de la capital.
Durante estos disturbios, que surgieron al cumplirse un año del ametrallamiento frente al Palacio Nacional, en el que varios estudiantes perdieron la vida, la Policía Nacional detuvo a quince personas.
En este contexto, diversas agrupaciones habían planeado una marcha para “conmemorar” el suceso ocurrido el 9 de febrero de 1966, en el que perdieron la vida varias personas, entre ellas la estudiante y dirigente Amelia Ricart Calventi.
Los grupos, compuestos por estudiantes y otras personas no vinculadas a la organización estudiantil, intentaron reunirse en distintos puntos de Santo Domingo, pero la Policía se lo impidió, con el argumento de que la actividad podía generar incidentes y alteraciones del orden público.
Los grupos no lograron reunirse en el parque Enriquillo, que desde temprano estaba custodiado por efectivos policiales. Más tarde caminaron por algunas calles, pero fueron dispersados sin que se registrara violencia.
La actividad continuó en el cementerio de la avenida Independencia, donde se realizó una ofrenda en la tumba de la joven Ricart Calventi. La policía ingresó al camposanto; mientras algunos estudiantes huyeron, otros permanecieron alrededor de la tumba.
Al salir del cementerio, los grupos se dirigieron al parque Independencia con la intención de llevar a cabo una manifestación, pero la Policía se lo impidió. A partir de ese momento, comenzaron a registrarse incidentes en distintos lugares.
En la intersección de las calles Santomé y Santiago Rodríguez, varios jóvenes prendieron fuego a neumáticos. Al ser sorprendidos por la Policía, algunos fueron detenidos.
