El eco de un tiro: de los 72 años en 1971 a los 126 de hoy

Precisamente cada 26 de julio, día de Santa Ana, se conmemora la ejecución del dictador Ulises Heureaux en la ciudad de Moca, a manos de un grupo de patriotas

Con motivo del 126 aniversario del magnicidio de uno de los dictadores que mantuvieron bajo su dominio a la República Dominicana, esta edición de la sección Zona Retro rememora la portada del periódico El Caribe publicada en 1971, la cual recogía un artículo que narraba los acontecimientos al cumplirse entonces 72 años del hecho.

Ajusticiamiento

La tarde del 26 de julio de 1899, el presidente se encontraba conversando con Jacobo de Lara frente al negocio de este último. Llevaba puestas sus botas de montar con espuelas y se disponía a partir hacia Santiago de los Caballeros.

De forma repentina, un niño interrumpió el diálogo y le entregó un recado. Posteriormente se supo que el mensaje provenía de una de sus amantes, que residía en Moca, conocida como “La Cigua” y cuyo nombre real era Evangelina López. En la nota, ella le advertía que Horacio Vásquez y Ramón Cáceres planeaban atentar contra su vida.

En ese instante, un disparo por la espalda realizado por el joven Jacobito de Lara hirió al presidente. Acto seguido, Ramón Cáceres, junto a Pablito Arnau y otros conspiradores, avanzaron hacia Heureaux y le dispararon al unísono.

A pesar de estar herido, el mandatario reaccionó instintivamente: con la mano izquierda extrajo su revólver, que luego pasó a su mano derecha, la misma que había quedado mutilada años atrás durante un enfrentamiento en Haití, y respondió abriendo fuego contra sus atacantes.

Dos de los disparos realizados por Heureaux alcanzaron mortalmente al mendigo Eduardo Ignacio, quien, sorprendido por los hechos, se encontraba sentado en una acera cercana.

Apoyado contra el tronco de una guazuma situada en el centro de la calle Libertad, un nuevo disparo de Cáceres le penetra por la boca y le atraviesa la base del cráneo. El presidente cae de rodillas, y queda en esa posición por unos instantes, hasta que finalmente se desploma sobre el pavimento.

Además, en los minutos posteriores, su cuerpo fue alcanzado por múltiples disparos. Luego del atentado, Cáceres y sus compañeros Lara, Blas y Vicente de la Maza, Vásquez, Arnau, entre otros conspiradores, abandonaron el pueblo y se refugiaron en las montañas.

De boca en boca

La noticia de su muerte se difundió rápidamente por la ciudad y por el campo. La gente murmuraba en voz baja: mataron a Lilís.

Uno de los más fieles aliados del presidente asesinado, el gobernador de Santiago, general Perico Pepín, partió hacia Moca acompañado de un grupo de jinetes entre los que figuraban José de Jesús Álvarez y su hijo Domingo, Juan Antonio de Lora, Rosendo y Oguis Negrete, Panchito Pérez, Juan Bautista Paulino, Pedro Antonio Frías, Juan y Palomo Anico, y Genis Santelises. Transportaron el cuerpo de Lilís en unas parihuelas improvisadas hasta Santiago, donde fue sepultado en la iglesia principal.

Esa misma noche, Horacio Vásquez ingresó a Moca junto a una veintena de sus seguidores y, frente al edificio del Ayuntamiento, proclamó a Juan Isidro Jimenes como líder supremo de la revolución del 26 de julio de 1899. No obstante, las fuerzas revolucionarias fueron dispersadas por las tropas gubernamentales, y se vieron obligadas a replegarse y buscar refugio en las montañas próximas a la ciudad.

Sobre Lilís

Ulises Heureaux nació en Puerto Plata el 21 de octubre de 1845, en coincidencia con la festividad de San Hilarión. Fue hijo de Dassa Heureaux, de origen haitiano, y de María Josefa Level, una mujer afrodescendiente proveniente de Saint-Thomas.

Su madre lo bautizó inicialmente como Hilarión Level, pero tras ser reconocido por su padre, se le cambiaron tanto el nombre como el apellido, y pasó a llamarse Ulises Heureaux. Con el tiempo, adoptó el apodo de “Lilís”, nombre con el que sería ampliamente conocido hasta el final de su vida.

Con apenas dieciocho años, participó activamente en la Guerra de la Restauración, en la que se destacó por su valentía y arrojo. A lo largo del conflicto, acompañó al general Gregorio Luperón en todas sus campañas, compartió con él tanto los triunfos como las adversidades y peligros.

A comienzos de 1865, Lilís no era más que un alférez con grandes aspiraciones, pero escasa relevancia. Con el paso del tiempo, logró escalar posiciones hasta convertirse en comandante de Armas de Puerto Plata, ministro de Guerra, delegado del Gobierno en las provincias de Santo Domingo, del Este y del Sur, y finalmente, presidente de la República.

De dictador a dictador: Contrastes entre dos regímenes autoritarios
A diferencia de la dictadura de Trujillo, el régimen de Lilís tuvo características muy distintas. El militar de San Cristóbal se distinguía por su arrogancia, por su autoritarismo y dureza tanto con aliados como con opositores. Solía designar y destituir oficiales y funcionarios a su antojo, encarcelarlos o liberarlos sin justificación aparente, guiado únicamente por sus propios caprichos.

En contraste, el hijo de Dassa Heureaux y María Josefa Level no solía ofender ni humillar. Poseía una inteligencia natural e intuitiva. Su dictadura se percibía envuelta en un aire de misticismo y cierta influencia de prácticas esotéricas.

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