El país enfrentó un nuevo escenario tras la caída de Trujillo (2)

La llegada de la misión de la OEA no pasó inadvertida. Mientras la caravana avanzaba por Santo Domingo, los manifestantes volvieron a hacerse sentir con gritos, consignas y reclamos

Continuamos en esta semana con la segunda y última entrega de este trabajo sobre la llegada de una subcomisión de la OEA y la ola de disturbios y enfrentamientos entre civiles y fuerzas policiales, que enfrentó el país.

La tensión que acompañó la llegada de la subcomisión de la OEA no terminó cuando sus integrantes abandonaron el aeropuerto. A medida que la caravana avanzaba por las calles de Santo Domingo, los manifestantes volvieron a hacerse sentir con gritos, consignas y reclamos contra algunos de los representantes de la misión.

La violencia sacude la jornada

Para entonces, la jornada ya había dejado un saldo trágico: dos personas habían muerto y más de una veintena resultaron heridas durante los enfrentamientos entre agentes de la Fuerza Pública y ciudadanos movilizados en distintos puntos de la ciudad.

Los choques se produjeron apenas media hora antes del aterrizaje del avión que transportaba a los integrantes de la misión. Los heridos fueron trasladados a distintos hospitales en ambulancias de la Cruz Roja, mientras la Policía intentaba dispersar a la multitud.

La resistencia fue fuerte. Los manifestantes lanzaron piedras contra los agentes policiales y miembros del servicio secreto, uno de los cuales resultó herido durante los enfrentamientos.

Pero la agitación no quedó atrás con la llegada de la comisión. Más tarde se produjeron nuevos choques entre agentes policiales y grupos vinculados a la oposición, prolongando la tensión en distintos puntos de la capital.

Los disturbios trascienden las fronteras

La dimensión de lo ocurrido también quedó reflejada en las páginas de El Caribe. En su edición del 13 de septiembre, el periódico publicó bajo el título “Agencia noticiosa AP relata disturbios en Ciudad Trujillo” un despacho de la agencia Associated Press sobre los acontecimientos registrados durante la llegada de la subcomisión de la OEA.

El despacho describía una jornada marcada por los muertos y heridos provocados por el tiroteo, mientras miles de dominicanos parecían intentar protagonizar una revolución sin armas contra el régimen heredado tras el asesinato del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo.

La violencia también provocó el cierre de establecimientos comerciales, mientras miles de jóvenes se concentraban en distintos puntos del centro de la ciudad. En el parque Independencia, los gritos de “¡Libertad!” se mezclaban con las críticas contra la Policía. Otros manifestantes reclamaban la convocatoria de una huelga, en una muestra del creciente descontento que se extendía por la capital.

La tensión volvió a concentrarse en la ruta de la caravana de la comisión. Pese al cordón policial de más de 200 hombres desplegado en la zona, ninguno de ellos armado con rifles, la multitud avanzó hacia la carretera cuando aparecieron los automóviles oficiales, escoltados por motocicletas.

Los manifestantes recibieron el convoy al grito de “¡Libertad, libertad!”. En medio de la agitación, lograron detener momentáneamente uno de los vehículos y golpearon su techo. La Policía consiguió abrirle paso y liberar el automóvil sin recurrir a la violencia.

La multitud siguió la caravana durante más de un kilómetro, manteniendo sus consignas en alto y exhibiendo cartelones escritos a mano con duras críticas contra el embajador estadounidense ante la OEA. Entre los gritos también se escuchaban llamados a poner fin a lo que los manifestantes consideraban actos de brutalidad.

La caravana logró finalmente alejarse de la multitud, pero la tensión permaneció en las calles de una capital que todavía intentaba encontrar su rumbo después de la caída de Trujillo.

EE.UU. se percató

Los acontecimientos de aquella jornada también eran seguidos con atención en Washington. Antes de que se hiciera pública la posición de Estados Unidos ante la OEA, ya circulaban versiones de que el Gobierno norteamericano contemplaba reconocer diplomáticamente al Gobierno del presidente Joaquín Balaguer.

El embajador Delesseps S. Morrison afirmó que el Gobierno de los Estados Unidos había valorado plenamente las medidas adoptadas por Balaguer encaminadas a democratizar el Gobierno de la República Dominicana.

En esa misma línea, se indicó que también había sido tomado en consideración el informe y sumario presentado por el embajador dominicano Díaz Ordóñez, en el que reiteraba la disposición de su Gobierno de respetar rigurosamente el principio de no intervención y avanzar hacia la transformación democrática del país.

Asimismo, se informó que el doctor William Sanders, secretario general adjunto de la OEA, había viajado como invitado de la subcomisión, mientras que el doctor Roberto E. Quiroz, del Departamento de Asuntos Jurídicos de la Unión Panamericana, encabezaba el grupo de funcionarios de la secretaría que acompañaba a la misión.

Una pausa en la Cancillería

Después de la agitación de las calles, la subcomisión pasó a un escenario completamente distinto. Más tarde realizó una visita de cortesía al secretario de Relaciones Exteriores, licenciado Ambrosio Álvarez Aybar, en la sede de la Cancillería, ubicada entonces en Estancia Ramfis.

El grupo fue presentado al canciller por el director de Protocolo, embajador doctor Álvaro Logroño Batlle. El encuentro se prolongó durante unos 20 minutos y transcurrió en un ambiente cordial.

En medio de aquella intensa jornada, Álvarez Aybar ofreció café a los integrantes de la misión. El gesto, sencillo y cotidiano, contrastaba con la tensión que pocas horas antes había dominado las calles de Santo Domingo.

Al salir de la Cancillería, un redactor de El Caribe se acercó al presidente de la subcomisión, doctor Augusto G. Arango, para conocer sus impresiones sobre el encuentro. El diplomático restó trascendencia a la conversación y explicó que se había tratado únicamente de una visita de cortesía.

Aun así, destacó el trato recibido por el canciller: “El canciller nos ha tratado con mucha amabilidad y estamos reconocidos”.

Poco después, Álvarez Aybar también fue consultado por el periodista y expresó su satisfacción por haber recibido a los integrantes de la subcomisión.

Así terminaba una jornada en la que Santo Domingo había mostrado, en pocas horas, dos rostros distintos: el de una ciudad agitada por las protestas, los enfrentamientos y los reclamos de libertad, y el de una diplomacia que, entre conversaciones y una taza de café, comenzaba a buscar respuestas para un país que intentaba dejar atrás la sombra de la dictadura y abrirse paso hacia una nueva etapa.

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