Para la psicóloga Mabel Mejía, lo más difícil que tienen las madres en el desarrollo de los hijos es poner y mantener los límites

Más allá de lo que muchos pudieran pensar “una madre no es cómplice de un hijo”, aseguró la psicoterapeuta Mabel Mejía.

Las madres y la complicidad

A las madres los hijos la deben visualizar desde su rol de amor, cuidado, seguridad, responsabilidad, confianza y una figura de autoridad. “Una madre no es cómplice de un hijo. Es un vínculo seguro donde el hijo acude tanto para las cosas positivas como para las cosas negativas, sabiendo que esa madre no es su cómplice, sino que su rol es dirigirlo por el mejor camino”, explicó la también neuropsicólog
Ese camino de poder lograr un lazo de confianza y que como hijo “me sienta confiado, seguro contigo, que puedo expresarte lo que me pasa y entienda que independiente de lo que sea, tengo una madre que su amor es incondicional, que me va a poner límites, que me va a llamar la atención, se logra hablando con el niño desde siempre”.

La psicóloga manifestó que desde que nace, las madres y los padres que ir hablando con el niño porque los vínculos y las relaciones se fortalecen desde la comunicación. “En esa comunicación, el niño debe sentir de mamá el “yo estoy aquí para ti”, “eres súper importante en mi vida”, “cuenta conmigo para todo”, expresó Mejía.

Los infantes deben también entender en esa comunicación que mamá les va a poner límites y que en su desarrollo eso será importante para él. “Esa orientación debe estar siempre presente independientemente de que este sea pequeño o grande. La base de todas las buenas relaciones y vínculos, es la comunicación, y con los hijos debe ser desde que están pequeños”, reiteró la psicóloga.

Lo más difícil es mantener los límites

Según Mejía, lo más difícil en la crianza de los hijos es poner y mantener los límites. “Los niños constantemente van a estar tratando de romper las reglas para lograr sus objetivos, así sea para jugar, subirse en una mesa… y los padres deben tener claro no relajar esas limitantes propias de la crianza”Para la especialista no se puede esperar una cuarta vez para llamarles la atención a los hijos, sino que hay que ser constantes con los límites para no darles un mensaje de doble vínculo de que un día sí y el otro no. “El hijo va a seguir intentándolo; y si se hace un día sí y al otro no, le estamos dando un reforzamiento ambivalente y es una de las partes más difíciles, porque debe ser un trabajo continuo de crianza”.

Actividad a realizar juntos

Las madres deben de jugar con sus hijos, conversar con ellos, contarles cuentos y preguntarles qué les pareció, para así interactuar con ellos y poder conocerlos mejor. Igualmente, recomendó hacerles anécdototas.
“Después vienen los abrazos, que deben ser diarios; las palabras de validación: te amo, eres importante para mí y tener rutinas de cuidado, en las que el niño se sienta importante, no solo de palabras, sino porque te cuido, trato de estar contigo en todo momento, en el desayuno, la comida, la cena, a la hora de dormir, etc”, aconsejó Mejía.


En caso de que se presente una situación negativa, llama a entenderlo y preguntarle qué pasó, cuáles fueron las condiciones y, entonces, a raíz de ahí, decidir cómo reaccionar como padres, destacó Mejía.
Algunos consejos para lograr una crianza positiva.

Cómo las madres pueden tener una crianza con propósito

  • Entender la personalidad de tu hijo. La personalidad de un niño se empieza a formar desde el momento en que se da cuenta de que es un ser autónomo, diferente de sus padres, en torno a los 8 meses de vida. Y a medida que va creciendo, viviendo experiencias y descubriendo el mundo, va aumentando su sentido del ser y se va afianzando su personalidad.
  • Sé un buen ejemplo. Los niños necesitan el ejemplo de sus padres. Si tu hijo es testigo de relaciones amables y respetuosas en el hogar, serán más propensos a adaptar esos mismos valores.
  • Estimule la autoestima de su hijo. Las palabras y acciones como padre tienen un impacto en el desarrollo de la autoestima de los más pequeños más que ninguna otra cosa. El elogio de los logros, aunque sean pequeños, hará que los niños estén orgullosos; permitirles que hagan cosas por sí solos los hará sentir que son capaces y fuertes. Por el contrario, los comentarios denigrantes o las comparaciones negativas con otros niños los hará sentir inútiles.

    Reconozca las buenas acciones de los niños


    El enfoque más positivo es reconocer las buenas acciones de los niños: “Hiciste la tarea, ¡eso es genial!”; “Te estaba mirando mientras jugabas béisbol, lo hiciste muy bien”. Estos comentarios serán mucho más eficaces para alentar la buena conducta a largo plazo que las reprimendas continuas. Proponte encontrar algo para elogiarlos todos los días. Sea generoso con las recompensas: su amor, sus abrazos y elogios pueden hacer maravillas y suelen ser suficiente gratificación. Pronto descubrirá que está “cultivando” en mayor medida el comportamiento que desearía ver.

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