A los que se atreven a emprender

El moderno término “emprendedurismo” no tiene una definición única y absoluta. Me inclino más por la que recoge el espíritu de esa acción de manera más fiel: “proceso en el que una persona lleva su idea a convertirse en un proyecto concreto, sea esta con fines de lucro o beneficencia social generando innovación y empleo”. Con las limitaciones propias de la comparación de la definición y la acción en sí, recoge la esencia del “atreverse”. Emprender es arriesgar, es salir de espacios de cómodos equilibrios, desprendiéndose de seguridades relativas, asumiendo riesgos que solo los espíritus superiores son capaces de aceptar. Es perseguir sueños, eludiendo aquellas almas que lastran, y que no perdonan el éxito ajeno. Es abandonar seguridades relativas y sin temor lanzarse en aventuras. Es el riesgo, quizás, la característica más definida de esos seres que se atreven a cambiar en busca de futuro mejor. Nuestro medio, es en esencia difícil, hostil y lleno de trampas y engaños. Es el espíritu de juventud independiente, que impulsa a emprender y logra, con su cautivante entusiasmo, arrastrar a otros en esa aventura dinámica que concentra la decisión de triunfar. Es saber unir los elementos que la vida coloca, de manera aparentemente caótica, para lograr que las fuerzas actúen en el sentido de lo que se emprende, de lo que se tiene como objetivo. El atreverse es mucho más valioso cuando se trata de una mujer, que además de los obstáculos propios que una sociedad machista le impone, suma lo que significa emprender negocios tradicionalmente masculinos. Se explica lo que fue el “atrevimiento” de Juan Pablo Duarte, de creer y arrastrar a una juventud, con la realizada utopía, de una República posible. El pensamiento generalizado era la necesidad de un protectorado,de ser una colonia o “provincia ultramarina” como concibieron los que nos anexaron a España. Creo, sin miedo a equivocarme, que los emprendedores, los atrevidos, son seres distintos por su capacidad de arriesgarse. Dignos de encomió son el motor dinamízante de la renovación. Son almas superiores que innovan, transforman, inician. Son los que crean empleos, proyectan zonas y contribuyen a producir riquezas. Cuánto necesitamos de estos emprendedores capaces de delinear un mejor país desde lo político; una economía incluyente e innovadora capaz de transformaciones que desborde bienestar a toda la población, desde la producción; por un país de oportunidades y una nación con más justicia social. Agraciados son los privilegiados que tienen la oportunidad de potenciar emprendimientos y motivar a esos seres especiales, a atreverse a recorrer el camino hacia sus destinos, con miedos lógicos, pero con fuerzas para enfrentar fantasmas, con férrea decisión hacia el triunfo, conscientes de lo difícil y amargo pero preparados para perseverar, aun en la adversidad. De ellos es el futuro ¡y triunfarán!

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