Análisis científico del cerebro de un “motorita”

En una imaginaria disección, dos inexistentes galenos, que tuvieron la suerte de encontrar disponible un cerebro de un “motorita” anónimo, realizaron un experimento científico y profundizaron en la estructura craneal del susodicho, como órgano principal, “base anatómica de sus funciones cognitivas, sensoriales, motoras y emocionales”. El plástico original estaba casi intacto como si apenas hubiera tenido uso.

Separadas las cinco capas de piel que forman el cuero cabelludo, hasta atravesar el “tejido areolar laxo y pericráneo” encuentran un espacio ideal para la acomodación del casco protector, con muy poco uso. La masa ósea del cráneo, de increíble dureza natural para proteger la compleja organización, preparado para los impactos lógicos de la profesión sea como motoconchista, Delivery o simple imprudente “calibrador” que hace “willing”, con los enormes riegos que ello implica. Están capacitados para caerse, parase, limpiarse y continuar la marcha “impertérritos”, como que nada pasó. Descubierta las “meninges” se nota que la “duramadre, aracnoides y piamadre” tienen una rara estructura que explica por qué “creen que caben ‘pol toa palte’”. Una vez alcanzada la “corteza cerebral y los cuerpos neuronales de la sustancia gris” encontraron “circunvoluciones y surcos” de extraña formación, exponiendo las causas de ese comportamiento temerario que los lleva a procurar el peligro de ser aplastados entre dos vehículos de 4 ruedas y eso a “to’ lo que da”. Bajo la corteza, descubren “la sustancia blanca y sus fibras nerviosas mielinizadas” con burbujas de extraño aspecto que puede resultar explicación a comportamientos de “manada” y seguimiento de patrones comunes de alta velocidad y de competencia como el más arrojado e imprudente. Ya en las regiones profundas del “celebro” y “jurungando” en los “núcleos profundos y los ganglios basales” de peculiar morfología, que participan del control del movimiento y la actividad motora de un impredecible y caprichoso sujeto, capaz de subirse a las aceras y amenazar al peatón que lo supone un espacio protegido de esta plaga. Al llegar al “diencéfalo” en la región central del encéfalo encuentran invertido el hipotalamo lo que demuestra una función inversa de la percepción de los colores, produciendo un daltonismo selectivo que no les permite distinguir el rojo semáforo (a menos que haya un agente de la Digesett) y el verde que presume constante en la vía en que transita. Nuestros inexistentes investigadores, detectaron alteraciones en el “puntamen” y el globo pálido en las regiones profundas que bien pueden explicar el ánimo de subirse a los prohibidos elevados y con piruetas de kamikaze de dos ruedas, sortear los vehículos que transitan y si los Amets osan “atajarlos” inician veloz carrera en contravía en arriesgadas piruetas defensivas como la “jonderdiablo”. Llegados al sistema ventricular se nota una marcada ausencia de líquido cefalorraquídeo lo que puede dar razón a la falta’e juicio y el comportamiento “trascendío de lo motorita”. Finalmente, al llegar al tronco encefálico, que maneja el estado de conciencia (o de inconciencia), se destaca un “bulbo raquídeo” encendido y brillante que da razón a aquellos que dicen que esa perversa actitud anti cívica del motorista, “se pega” siendo altamente contagiosa y la única vacuna activa es la disciplina férrea que no muestran las autoridades del tránsito en su selectiva actitud de “pa’ llá no miro”. Únicamente el apego a la ley (para todos) puede regular a quienes están por encima de ella, con irritantes privilegios…

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