Muchos dominicanos emigran y, establecidos en países como Estados Unidos o España, respetan leyes, cuidan el entorno, no maltratan animales. Pero en esta, su tierra, tiran basura, ignoran semáforos, abandonan mascotas, destruyen espacios públicos. ¿Por qué esa doble moral? ¿Por qué no creemos que nuestro país merece el mismo respeto? No es falta de educación sino de convicción. Saben que allá no correrán con impunidad y temen a las normas; aquí las desprecian. Afuera cuidan la propiedad colectiva, aquí la destruyen. El cambio no vendrá de arriba, sino desde cada conciencia. Si somos capaces de vivir con civismo en Nueva York, también podemos hacerlo en Santo Domingo. Cuestión de decidirlo.
