Se resolvió pronto el misterio del asesinato del político conservador estadounidense Charlie Kirk, y de un modo decepcionante para el presidente Donald Trump y su grey. En vez de convocar a reflexión y unidad culparon del hecho inmediatamente a sus “enemigos”, los demócratas. Pero el autor no resultó ser un “izquierdista radical” como anticipaba Trump sino uno del mismo “bando”. El crimen no tuvo así carácter político. Tampoco fue inmigrante ni negro ni latino ni gay, sino un “auténtico” americano, blanco y conservador. Es el comienzo del fin de un episodio que se perfilaba abría puertas a una “tormenta política” o “guerra civil” en EE.UU. pero que, si tendrá consecuencias, parece que no serán tan grandes.
