Codicia extrema

En República Dominicana demasiadas veces el ascenso a cargos públicos despierta una ambición desmedida. Lo que debería ser servicio se transforma en oportunidad para enriquecimiento, al amparo de la impunidad que desde siempre blindó al robo público. Empresarios exitosos, jóvenes con formación, figuras con buena imagen social se corrompen al llegar al Estado como cosa casi natural. No por necesidad, sino por codicia. Al menos ahora tenemos a algunos devolviendo dinero que desviaron fraudulentamente – sumas exorbitantes- y mostrando arrepentimiento, pidiendo perdón al país. Bueno, no basta con castigar casos aislados, hay que desmontar el sistema que convierte el poder en botín. Sin ética pública no hay país que avance.

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