La protección animal en nuestro país, contemplada en la Ley 248-12, tiene que dejar de ser, como otras tantas normativas, solo palabras, ignoradas e irrespetadas. Lo más reprochable en cuanto a esta ley es que son algunas autoridades, llamadas a garantizar su cumplimiento, las primeras que incurren en olímpico desprecio. Por ejemplo, este irrespeto se registra cuando se verifica prácticamente una cacería o persecución a indefensos e inofensivos gatos en parques y zonas de esparcimiento, como ha ocurrido y parece estar ocurriendo nuevamente en el parque Las Praderas, del Distrito Nacional. Es de esperar que su gobernadora, Fabela Machado, indique verazmente el destino de los animalitos, supuestamente trasladados a refugios. ¿Cuáles, dónde?
