El caos que protagonizan muchos conductores de motocicletas en la ciudad capital es ya una amenaza cotidiana. La violación sistemática de las normas de tránsito, el irrespeto a la luz roja y a seguidas las maniobras suicidas que realizan en las intersecciones para esquivar accidentes revelan un patrón preocupante. Añadiendo que muchos no llevan cascos y circulan en las noches sin luces en carreteras, no resulta razonable asumir que una conducta tan temeraria responde solo a descuido. Urge aplicar pruebas rigurosas de alcohol, drogas y salud mental. No podemos seguir normalizando este desorden de los motoristas; su extremo desafío a la muerte pone en riesgo vidas todos los días.
