Jóvenes criminales (1 de 3)

En nuestro país la violencia y criminalidad juveniles siempre son atribuidas a pobreza, abandono, hogares fracturados, barrios vulnerables, o supuesta “falta de valores”. Todo eso pesa, por supuesto; pero no explica por qué muchos jóvenes expuestos a esas mismas condiciones no terminan cometiendo homicidios ni integrándose a dinámicas criminales. Hay un ángulo que rara vez nuestra conversación menciona: la variabilidad individual, la forma en que ciertos rasgos de personalidad interactúan con entornos fallidos. Algunos menores muestran desde temprano impulsividad extrema, baja empatía o una relación distorsionada con la agresión. No son “niños malos”, sino personitas sin intervención. Prevenir empieza reconociendo que no todos los menores reaccionan igual al mismo entorno.

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