Mercado

Cuando se trata de precios en productos de primera necesidad, alimentos indispensables en la dieta dominicana, los consumidores tienen que hacer sus propias comprobaciones sobre el terreno. La experiencia aconseja no oír voces oficiales o incluso a asociaciones de comerciantes cuyos dirigentes evidencian tener discursos públicos que no coinciden con sus prácticas de negocios. Esa inconsecuencia la observamos mucho, por ejemplo, con los precios del botellón de agua y la carne de pollo. Supuesta escasez “justificaría” un incremento en la libra de pollo por encima de los 100 pesos. En definitiva, la consigna parece ser “sálvese quien pueda”. Pro Consumidor tiende a quedarse muy corto ante el interés de lucro mercantilista.

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