Las manos que no se tocan

En estos tipos que no pueden cogerse de la mano en un evento público, reposa la evolución humana para el próximo siglo.
En estos tipos que no pueden cogerse de la mano en un evento público, reposa la evolución humana para el próximo siglo.
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En el reciente foro global sobre el impacto de la IA celebrado en India, hubo una escena aparentemente menor que terminó diciendo más que cualquier panel: durante una foto pública, el primer ministro, Narendra Modi, empujó a un grupo de líderes tecnológicos a “unir manos” como gesto de unidad. La mayoría lo hizo, pero dos rivales no: Sam Altman (Open AI, ChatGPT) y Dario Amodei (Anthropic, Claude) evitaron el contacto, con las manos levantadas pero separadas, lo que generó el momento viral del evento.

El dato no es el chisme corporal; es el subtexto institucional: el mundo está buscando gobernanza en una industria que todavía funciona como competencia de velocidad. Y la imagen del “no contacto” entre estos dos tipos, miembros clave de “las 7 Magníficas”, se leyó como síntoma de una “guerra fría” entre laboratorios.

Lo irónico es que ese “no contacto” ocurrió mientras la conversación pedía cooperación y acción global. Altman insistió en que hacen falta “regulación y salvaguardas” sobre la IA “con urgencia”, mientras que Amodei insistía que el poder que está alcanzando la IA es “casi inimaginable, y no está nada claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos tienen la madurez para manejarlo”.

Ambas reflexiones suenan impecables, ¿pero quién diseña el freno cuando el piloto también es el fabricante del carro? El punto no es exigir amistad entre los CEO, es admitir que la gobernanza real requiere mecanismos que sobrevivan a la rivalidad. Porque la batalla ya no es solo tecnológica, es cultural, económica y humana; se está jugando en tribunales que acusan a las redes de diseñar adicción y en laboratorios donde una instrucción basta para crear aplicaciones completas que diseñan el futuro del trabajo y de la guerra.

Las manos que no se tocan

La escena de Modi, un coreógrafo de la unidad, mostró lo contrario: cuando hay que enviar el mensaje, la cooperación es opcional. Y si en estos tipos, que no pueden cogerse de la mano en un evento público, reposan la evolución humana y la seguridad mundial para el próximo siglo, hay que preocuparse.

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