Las rutas del trabajo en la era de la IA

La inteligencia artificial amenaza no sólo con transformar los empleos, sino también redistribuir el poder.

La IA ya está tomando decisiones, automatizando procesos y redibujando estructuras completas
La IA ya está tomando decisiones, automatizando procesos y redibujando estructuras completas

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa y ya está tomando decisiones, automatizando procesos y redibujando estructuras completas. Es un nuevo terreno de juego donde República Dominicana no parte desde cero pero, como la mayoría de los países de nuestra región salvo contadas excepciones, tampoco desde una posición cómoda.

El Foro Económico Mundial habló en marzo de “incertidumbre profunda”, no por falta de datos, sino porque el cambio ya empezó y aún no tiene forma definitiva. Es decir, no sabemos exactamente hacia dónde vamos, pero sí sabemos que el mercado laboral se está moviendo. Según sus proyecciones, para 2030 se crearán 170 millones de empleos, se perderán 92 millones y el saldo será positivo. Pero es problema no es el número final, es quién ocupará esos nuevos espacios.

Aquí aparece la primera tensión real. La consultora McKinsey estima que la adopción empresarial de IA pasó de 55% en 2022 a 88% en 2025 y LinkedIn reporta un crecimiento del 70% en habilidades vinculadas a IA en un año. La tecnología avanza a una velocidad que el talento no está logrando igualar, y cuando esa brecha se amplía, el mercado no espera, sino que sustituye.

Y no se trata solo de desempleo visible. Un estudio de Anthropic (la creadora de Claude) sugiere algo más silencioso: menos contratación en jóvenes, menos puertas de entrada y más tareas absorbidas por sistemas En fin, una erosión progresiva.

Desde inicios de año, hemos asistido a observar cómo en los países con alta capacidad de adaptación, la IA está reorganizando el trabajo y redefiniendo quién queda fuera. Y allí está la tensión: no todos compiten en las mismas condiciones y la inteligencia artificial amenaza no sólo con transformar los empleos, sino también redistribuir el poder.

República Dominicana aún puede decidir en cuál de esas rutas se coloca, pero esa decisión no resulta solamente de discursos o eventos, se toma en decidir cómo se forma el talento, qué se prioriza y qué se deja atrás.

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