Al terminar una charla este sábado se me acercó una dama para sacarse una foto conmigo. Luego de la toma, de la nada, me otorgó un fuerte abrazo, que desató en mí un lindo sentimiento. Percibí que mi trabajo es valorado.
Cuando una persona nos expresa lo que siente nos hace sentir muchas cosas buenas. Digo, cuando los sentimientos son de los que motivan positivamente.
Sin embrago, muchos tenemos restricciones en nuestra crianza para poder expresar. Ya sea porque somos masculinos y debemos mostrar hombría. O porque nuestros padres no son expresivos por su crianza y seguimos el patrón.
Al cabo de los años nos hacen falta esos abrazos de los hijos, decirle un ‘te quiero’ a una persona querida, pasar tiempo con quien nos hace sentir bien, y más.
Sabemos que uno de los grandes arrepentimientos de los adultos mayores es no haber expresado sus sentimientos. Y peor, por no expresarlos muchas veces no generan que se les exprese a ellos.
No solo debemos vivir las emociones positivas; la gente a nuestro alrededor puede enterarse que estamos tristes, no somos una máquina. Aunque hasta hace poco tiempo podía llevarnos a la muerte que un enemigo se enterara que teníamos miedo.
Tener alguien a quien expresar nuestros sentimientos puede ser una excelente manera de vivir. Tanto los que esa persona genera, como los que necesitamos compartir… pero, cuidado. Conozco personas que comparten un solo tipo de sentimiento, los negativos, y me cargan. No quiero pasar mucho tiempo con ellas. ¿Debería decirles lo que me hacen sentir? Ufa, qué dilema.
Escuché a una joven en la radio decir que la respuesta a un “te amo” no es un “yo también”. Veo que ella busca una reciprocidad. Está pensando en que decirlo generará un “te amo” de retorno. ¿Será una manipulación? Lo dejo a discusión. Aunque mi pensamiento es que uno debe expresar lo que siente sin esperar nada a cambio.
¿Puedes llamar a alguien que amas y expresarlo? Si te preguntan si algo te pasa es porque no lo expresas con frecuencia.
