Ya mis hijos hace muchos años pasaron esa época. Todo el que ha emprendido un viaje con pequeños quizá se enfrentó a esta inquietante pregunta.
–¿Por qué inquietante, Diego Sosa?
En el momento que aparecía, sabía que el aburrimiento había llegado y tendría que emplearme a fondo para que cada minuto pasara. Esto se me parece a como siente mucha gente hoy en día, por eso traigo estos momentos a mi artículo de hoy.
Cuando en una reunión familiar o con amigos una persona se sumerge en su móvil, me recuerda a mis hijos en los viajes. Se han aburrido de lo que está pasando en su realidad real y pasan a vivir su realidad virtual. ¿Ya no somos tan interesantes?
Escucho comentar lo que sale en sus redes y me siento tan raro. Lo que estamos hablando en el lugar aparenta no ser de interés, pero lo comentado en su compañero de bolsillo es tan sin valor para mí, que me coloca en un gran dilema: ¿Quién es interesante y por qué?
Muchas opiniones hay sobre ese comportamiento. Muchas razones para tenerlo. Pero: ¿Cómo nos sentimos cuando alguien desvía la atención del mundo real para sumergirse en su mundo virtual? Y peor: ¿Cómo piensan que deberíamos sentirnos?
Quizá la solución es cada uno tomar su aparatito comandante de sus acciones. Ufa, fue profundo ese término, vuelvo luego a él.
Si cada uno toma el mismo camino, ¿qué pasaría? Creo que no tengo que imaginar mucho, sino observar algún encuentro reciente.
Claro, ahora me dirán que tengo que actualizarme porque esa es la tendencia. En ese instante me preguntaría: ¿Para qué compartir si lo que diré no te interesará?
Aquí retomo la frase profunda. Las redes están comandando nuestras acciones. Hablamos en esa reunión mencionada de lo que sale en ellas. Comandan nuestra conversación. Bueno, no es conversación, porque los susodichos siguen diciendo lo que hay más adelante y se esfuma lo que ya dijeron.
¿Puedes aburrirte un rato en el día de hoy? Sí, a propósito.
