La espontaneidad descontrolada no es una característica que aprecio, más bien me produce un cierto resquemor; me refiero a las personas que en una conversación sueltan una frase sin pensar demasiado, ni en la frase ni mucho menos en su contenido, es el caso del bocón, que, si surge en una charla el tema de “las lolitas”, por ejemplo, se le escucha decir atropelladamente: ¿La del pedófilo ruso ese que seduce a una nena chiquitica?
El bocón es ese tipo de gente que se escuda en frases como: -Ah, yo digo lo que pienso y al que le pique que se rasque… primero, esas personas andan por la vida con una imprudencia que no pocas veces las mete en problemas, y otras tantas les crea dificultades a sus acompañantes; segundo, se trata de gente que tiene muy poca, o ninguna empatía por los demás, tercero, tienen la manía de opinar sobre todo, desde el acelerador de partículas hasta los poemas de Neruda, la energía eólica, las películas de Tim Burton o los cuadros de Picasso.
-¿Qué fue lo que quiso hacer este tipo de la oreja cortada? Mi sobrinita de cuatro años pinta mejor… dice ante una reproducción del “Café nocturno” de Van Gogh, y uno sabe que intentar explicarle la belleza de esa pintura será una total pérdidade tiempo.
Eso sí, cuando se les hacen notar los errores garrafales de las barrabasadas que sueltan por esa “bocafloja” reaccionan airados, como si el derecho a disentir de las tonterías que dicen estuviera negado al resto de los mortales…
El bocón tiene otra característica más peligrosa, además de soltar lo primero que le sale de la barriga, porque resulta difícil creer que tantas necedades puedan salir de un cerebro mínimamente pensante, está convencido de ser dueño no de una, sino de todas las verdades.
Si el bocón ve que estamos leyendo una novela que él ya ha leído o cuyo final ya le contaron, lo dirá con absoluto desenfado: linda novela, lástima que al final muere el perro, o: me gustó, pero lo malo es que la chica se va con el otro, en el cine, gozará contando el final de la película apenas haya empezado…
Un sano consejo que me han dado los años es que evitar a este tipo de personas suele ser lo más saludable para el espíritu, e incluso para el cuerpo…
