El amor, por ejemplo, es un libro de Pablo McKinney, cuyas páginas no exentas de ternura suelo releer con deleite porque se trata de un periodista que admiro. Me viene a la mente porque el amor es el tema más recurrido en las canciones de moda de todos los tiempos, que celebran casi siempre la romántica desilusión de amar a alguien que no nos ama, y que en la adolescencia se repite por “eternidades” de tres o cuatro meses.
Sin embargo, hay otras formas del amor no tan celebradas en los poemas y canciones, pero que existen en la cotidianidad y a veces ni siquiera se notan, porque el amor es, sobre todo, compromiso, con uno mismo, con la persona amada, con los demás, y esas manifestaciones debieran celebrarse, aunque no se sientan con la misma intensidad de la atracción física.
La enfermera que coloca una inyección a un niño y siente como en carne propia el dolor infantil ante el pinchazo, el maestro que con infinita paciencia guía las manos del pequeño que está aprendiendo a trazar sus primeras letras, el café matutino que se recibe de manos de la vecina que ha madrugado y nos lo entrega con una sonrisa, el abrazo de un amigo o de un colega que no vemos hace tiempo.
Los ojos emocionados de un papá o de una mamá cuando los chicos desenvuelven sus regalos navideños, convencidos de que “Santicló” se los dejó al pie del arbolito, o los Reyes Magos, que colocaron allí esos juguetes mientras los camellos se comían toda la hierba y se bebían toda el agua.
La paciencia con la que algunos nietos, no todos lamentablemente, escuchan por enésima vez la misma anécdota que siempre cuentan el abuelo o la abuela, a veces con algunos retoques debido a que su memoria ya no es la misma.
Las charlas interminables y cotidianas con los amigos del colegio, pese a las protestas de los mayores que no entienden que el “compinche” del bachillerato es la persona a la que le contamos todo, sin importar que mañana nos veremos nuevamente porque en la adolescencia no existe eso de “como si fuera que no se ven desde hace veinte años”…
Todo eso, y más, queda perfectamente englobado en “el amor, por ejemplo”.
