Destacamentos dignos, mujeres policías con espacio propio

La historia es conocida. Ya en 2013 se advertía que, de 702 destacamentos existentes en el país, al menos 500 ameritaban una remodelación urgente

Roberto Hernández Basilio, ex director de Prisiones
Roberto Hernández Basilio, ex director de Prisiones

Por: Ing. Roberto Hernández Basilio. Ex director de Prisiones

La reciente coordinación entre la Dirección de Desarrollo Provincial y la Policía Nacional para levantar 34 nuevas estaciones policiales en distintos puntos del país es una noticia que merece aplaudirse. Pero también obliga a una pregunta incómoda: ¿por qué, después de más de una década de anuncios similares, seguimos hablando de destacamentos que no reúnen las condiciones mínimas para que un agente trabaje, descanse o simplemente exista con dignidad?

La historia es conocida. Ya en 2013 se advertía que, de 702 destacamentos existentes en el país, al menos 500 ameritaban una remodelación urgente. Tres años después, un informe de Participación Ciudadana confirmó lo que cualquier ciudadano que haya pisado un cuartel ya sabía: cuatro de cada diez destacamentos carecían de agua potable y apenas tres de cada diez contaban con electricidad las 24 horas. El mismo estudio reveló algo que suele pasarse por alto en el debate público: las áreas destinadas al descanso del personal, donde un policía debería recuperar fuerzas tras un turno de doce o más horas, eran, y en muchos casos siguen siendo, las instalaciones con mayor precariedad de todo el recinto.

Una década después, los datos más recientes no muestran un cambio sustancial. Un análisis del Centro de Estudios de Seguridad y Defensa (CESEDE) de Funglode, dirigido por la experta Josefina Reynoso, documentó que de los 727 destacamentos que existen hoy a nivel nacional, apenas 172 cuentan con computadoras para procesar denuncias y solo 110 tienen conexión a internet capaz de enlazarlos en tiempo real con la base de datos central de la institución. Es decir: más del 75 % de los cuarteles del país opera todavía con procesos manuales, y el 28 % de las provincias no dispone de una sola computadora para recibir formalmente una denuncia. Reynoso lo resume con precisión: la modernización policial no ha llegado al territorio, se ha quedado en el discurso.

Ahí radica el verdadero valor de un anuncio como el de las 34 nuevas estaciones: no es un capricho estético, es una condición para que la reforma policial deje de ser un eslogan y se convierta en una institución que funciona. Un agente que labora en un local sin agua, sin electricidad estable y sin herramientas para registrar un delito no puede ofrecer la respuesta eficiente que se le exige, por más vocación que tenga.

Pero hay una dimensión de esta deuda que exige mención aparte. La reforma policial ha traído a las filas de la institución a miles de mujeres: solo en las últimas promociones han ingresado cerca de dos mil quinientas nuevas agentes femeninas, en una institución donde ellas ya superan el 17 % del total de efectivos y donde se proyecta que compongan el 35 % de los 20,000 nuevos policías en formación. Es un avance histórico y necesario. Pero ese avance no puede construirse sobre la misma infraestructura pensada, hace décadas, exclusivamente para hombres.

Muchos destacamentos del país no tienen baños separados, dormitorios independientes ni siquiera espacios mínimos de privacidad para el personal femenino. Incorporar a miles de mujeres sin haber previsto esa transformación física no es solo un descuido logístico: es una forma de discriminación institucional que compromete tanto la dignidad de las agentes como la retención de ese talento que tanto ha costado reclutar. Toda estación nueva, y toda remodelación de las existentes, debería incorporar, como requisito de diseño y no como añadido posterior, dormitorios, servicios sanitarios y áreas de resguardo diferenciadas para las mujeres policías.

La transformación de la Policía Nacional no se mide solo en patrullas nuevas, uniformes o tecnología de punta. Se mide, sobre todo, en la dignidad del lugar donde un agente, hombre o mujer, pasa buena parte de su vida. Las 34 estaciones anunciadas son un paso correcto. Que no se queden, como tantas veces antes, en la fase de la coordinación técnica.

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