La Cuarta Palabra

    El sermón de las 7 palabras del pasado viernes concitó mucha atención, especialmente los lugares comunes como la corrupción, los despidos de servidores o la desprotección social. Y naturalmente, el desagrado entre los periodistas por un señalamiento muy general que sin embargo no deja de exponer realidades lamentables.

    Hoy queremos llamar la atención sobre una palabra poco comentada, La Cuarta Palabra, expresada por el sacerdote Joel Villafaña Nicolás: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46).

    Referirla es muy útil, porque aborda un problema humano con fuertes implicaciones sociales y públicas. El grito desesperado de Jesús, que el sacerdote, después de un análisis del contexto en que ocurre y de su verdadero significativo, llama la atención sobre el abandono en estos tiempos.

    Villafaña Nicolás plantea que “la experiencia de abandono es cada vez más fuerte y rampante, en una sociedad cada vez más confundida y desorientada. Vivimos el abandono familiar, social, político, económico y religioso en dimensiones estrepitosas y con consecuencias rápidamente palpables”.

    Quizás el más doloroso de los abandonos es el familiar, del cual dice que se aprecia “en muchos padres, madres y tutores que cada vez más se niegan a asumir con total responsabilidad la buena, cercana y amorosa crianza de sus hijos…”.

    Y observa que “el abandono intrafamiliar no es solo de padres a hijos; luego se invierten los papeles, y tenemos a hijos que no tienen tiempo para sus padres, y aunque profesan un inmenso amor hacia sus progenitores, muchas veces vemos a personas adultas en total abandono y desolación, a pesar de sus hijos…”.

    También aborda el abandono de la sociedad “cada vez más sola, radicalizada, ensimismada y desnaturalizada…”.

    Las palabras del sacerdote recogen en definitiva, en el más amplio sentido, la pérdida del espíritu solidario. Que no haya sido objeto de suficiente atención también nos retrata. Es una cuestión que nos atañe, que está entre nosotros, pero igual, tampoco importa.

    La solidaridad puede ser un instrumento clave para restaurar algunos valores en una sociedad en que cada vez se torna más pronunciado el interés particular, ajeno de los demás, el peor sentido de la deshumanización, desde la familia hasta todo el espectro social. Invitamos a releer la “Cuarta Palabra”.

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