SOS por los bomberos

    Por su papel de socorristas de primera instancia en caso de incendio, sismo, naufragio en costas, inundaciones y otros siniestros que demandan acciones de salvamentos, los cuerpos de bomberos representan la entidad que debería estar dotada de buenos equipos y personal bien entrenado y mejor pagado.
    Sin embargo, la realidad es otra muy diferente. Un reportaje de la periodista Eliana Ledesma, que se publica en otra parte de esta edición de elCaribe, muestra la precaria condición en que se desempeña el Cuerpo de Bomberos del municipio Santo Domingo Norte.

    Camiones convertidos en chatarras, instalaciones destartaladas que más que una estación parecen locales de edificaciones abandonadas, son apenas algunos rasgos que como carta de presentación muestran el ruinoso panorama en que operan los cuerpos de bombero de esa demarcación.

    La distribución de las estaciones, principalmente habitaciones, baños y cocinas, reflejan un mar de precariedades operativas.

    Lo más triste es que no se trata de un caso aislado. Sin mucho margen a exagerar se puede afirmar que es un reflejo de la situación general de los cuerpos de bomberos, con honrosas excepciones.

    Por el papel que desempeñan, con altos riesgos para su integridad física, los bomberos deberían ser dignos de un tratamiento dotado de mayor nobleza, ser más dignificados.
    Pero lamentablemente parece que son los cenicientos de los servidores públicos.

    Dice un viejo refrán popular, de fuerte arraigo rural, que los fieles católicos recuerdan a Santa Bárbara cuando hay tronadas. Puede asociarse un mensaje similar con los bomberos, que solo se piensa en ellos cuando hay fuego u otro tema que requiere alguna acción de rescate.

    Los gobiernos municipales, bajo cuyas jurisdicciones y directrices operan los cuerpos de bomberos, están en el deber de darles un tratamiento más digno. No es justo que esos valientes y sacrificados servidores sean los pordioseros de la Administración pública.

    Hay que rescatar a los bomberos de esa orfandad, de ese olvido en que los mantienen quienes están obligados a dotarlos de equipos suficientes para realizar su trabajo y dotarlos de salarios decentes.

    Es necesario cambiar la actitud histórica de olvido hacia esa entidad de auxilio e ir en su ayuda urgente, tan urgente como cuando sus miembros van a apagar un fuego.

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