El poder de no cansarse de hacer el bien

Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

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En muchas ocasiones, la vida nos pone frente a situaciones que nos recuerdan que Dios nunca nos desampara, aun cuando los días parecen grises. Hoy quiero compartir una historia que, más que un hecho aislado, se repite cada jueves en mi vida profesional.

Dedicarme al periodismo me ha permitido entrar a hogares donde el dolor, la esperanza y la fe se entrelazan. En cada historia, no solo escucho a los protagonistas: me convierto en parte de ellos. Siento que soy hermana de quienes, entre lágrimas y sonrisas, me abren su corazón para contar su realidad.

Pero, ¿Qué sucede cuando uno llega a una familia donde la fe es más grande que cualquier adversidad? Descubro, una y otra vez, que la fortaleza no siempre está en lo material, sino en la convicción de que Dios camina con nosotros y nunca nos abandona.

A lo largo de mi camino he comprendido que Dios nos dota de cualidades únicas. La mía, sin duda, es la humildad: esa virtud que me permite mirar con empatía el sufrimiento ajeno y actuar desde el corazón. Cada amanecer, cuando abro los ojos y agradezco el regalo de un nuevo día, repito mi versículo favorito:

Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Este versículo me recuerda que todo acto de bondad tiene un propósito, aunque a veces no lo veamos de inmediato. En mi caso, lo entiendo cuando una madre me agradece por visibilizar la enfermedad de su hijo, cuando una familia logra recibir ayuda después de una publicación, o cuando una historia toca los corazones de quienes pueden tender una mano. Ese es el verdadero fruto: sembrar esperanza en medio del dolor.

No es fácil mantenerse firme en un mundo donde la indiferencia parece ganar terreno. Pero cada historia humana que cuento reafirma mi misión: hacer del periodismo una obra social al servicio de los demás. Y mientras Dios me dé fuerzas, no me cansaré de hacer el bien, porque sé que, a su tiempo, todo esfuerzo florece.

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