El psicologismo sobre competencias académicas

Antes del tercer milenio, cuando después empezaron a publicarse los primeros estudios sobre neurociencia, todo cuanto tenía que ver con las operaciones mentales propiciatorias del aprendizaje vino a quedar circunscripto dentro de la esfera del psicologismo educativo, debido a tal convergencia cualquier enfoque pedagógico era implicado en semejante saber disciplinar, cuyo precursor fue Sócrates de Atenas, tan cierto resultó el indicado aserto que en nuestro lar nativo los profesores de dicha ciencia fueron filósofos academicistas.

Muchos han sido los enfoques educativos prohijados durante la historia de la pedagogía occidental, pocos de carácter monista, tras inclinarse tan solo por uno de los presupuestos del sistema categorial del proceso enseñanza-aprendizaje, tales como contenidos, habilidades o actitudes, cuya perspectiva didáctica ha merecido la taxonomía de tradicional, experiencial o actitudinal, según el elemento unitario que se haya puesto de resalto.

En total, ocho paradigmas educativos han sido objeto de estudio, incluidos los modelos tradicionales, experiencial y actitudinal, pero entre ellos existen perspectivas compuestas de dos elementos propios del sistema categorial tripartito antes mencionado, por cuya razón ostenta un talante dualista. Así, verbigracia, cabe citar los enfoques de estructura disciplinar, conductista primigenio y cognitivo.

Entre tales modelos educativos, hay dos corrientes sobre el proceso enseñanza-aprendizaje que han dejado improntas muy significativas en el ámbito posmoderno de la formación pedagógica, cuyos etiquetamientos son enfoque basado en competencias y constructivismo, ambos dotados de estructura que ha integrado los tres elementos del sistema categorial escolarizado, llegando a ser entonces plurales y holísticos, tras incluirse contenidos, habilidades y actitudes.

De semejantes modelos educativos, cabe pergeñar a continuación el enfoque docente basado en competencias, por cuanto oficialmente ha sido instaurado en nuestro sistema educativo global, aunque en la formación superior aún se halla en ciernes, luego de dictarse los reglamentos pertinentes en el fuero de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde el profesorado cursa la diplomatura magisterial en su segunda cohorte sobre dicha temática.

Tanto la docencia basada en competencias como la corriente constructivista constituyen enfoques educativos mixtos, híbridos o eclécticos, toda vez que muestran estructura categorial sistémica, holística e integral, dando cabida a contenidos, habilidades y actitudes, cuyos elementos ponen de manifiesto el aprendizaje tripartito, traducidos en saber conocer, saber hacer y saber ser, resultante entonces de un paradigma pedagógico muy significativo para el sujeto cognoscente.

Aun cuando existen rasgos compartidos entre tales perspectivas pedagógicas, el enfoque docente basado en competencias, debido a la convergencia de corrientes propias del psicologismo académico, concita mayor interés en la comunidad educativa, donde se habla de desempeño profesional o técnico observable y verificable, lo cual queda traducido en conductismo contemporizado, pero también suele referirse al constructivismo social y a la vez reivindica la teoría sobre las inteligencias múltiples.

En tanto que tales perspectivas propias del psicologismo académico venían teniendo encuadre pedagógico durante el proceso de enseñanza-aprendizaje de origen vernáculo, las críticas ahora llueven a granel sobre el enfoque docente basado en competencias, debido a que suele advertirse que nada novedoso ha traído consigo, pero en sí semejante paradigma muestra la virtud de significar una síntesis acrisolada de todo cuanto ha habido en nuestro sistema educativo, máxime cuando era inveterado que el mercado laboral con voz en cuello exigía alianza estratégica entre universidad y sociedad, en busca de obtener mano de obra cualificada, desde el punto de vista técnico y profesional, lo cual parece columbrarse en el horizonte de la formación superior con la integración de los saberes tripartitos previamente preconizada.

En efecto, de todo cuanto ha sido dicho, conviene sostener con el objetivo de cerrar con broche aurífero que el enfoque docente basado en competencias procura a ultranza formar el perfil idóneo del profesional egresado de las aulas universitarias, dotado de acervo intelectual esmerado, de pericia técnica adecuada y compromiso ético apropiado, listo entonces para insertarse en el mercado laboral, con el imperativo categórico de seguir amueblando el cerebro con nuevos conocimientos, logrados mediante aprendizaje autónomo o con educación de cuarto nivel, pero con semejante talante surge la duda exegética o metódica sobre si este tipo de mente ilustrada para el mundo laboral de igual manera vendrá a cuestionar el orden de cosas imperantes en cualquier sociedad jurídicamente organizada, en busca de transformar la realidad circundante, tal como siempre cabe esperarse de la gente apertrechada de actitud reflexiva.

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