La posibilidad de una alianza electoral opositora, de la que tanto se habla, se vio esta semana como algo muy lejano, y no por la distancia que hay de aquí a las elecciones, sino por las contundentes declaraciones de uno de los dos principales líderes de la oposición, Danilo Medina.
De hecho, sus expresiones cayeron como un balde de agua fría para los sectores que confían en la posibilidad de ese acuerdo electoral y lo ven como la opción más expedita para convertir en mayo del 2028 a opositores en oficialistas, y viceversa. Hay algunos puntos interesantes con relación a las declaraciones de Medina, pero sobre todo con la forma en que fue recibida.
Lo tomaron a pecho
Lo que dijo Medina, que se resume en que su partido está dispuesto a una alianza solo si la encabeza, es lo adecuado para este tiempo, lo que debe decir un líder político faltando dos años y tres meses para las elecciones. Nadie debe siquiera insinuar ahora que está dispuesto a apoyar a otro. Y si eso es así, y todo el mundo lo sabe, es curioso el hecho de que tanta gente se tomara a pecho las declaraciones del presidente del PLD.
Las reacciones indican que no se cree que Medina habló así por un asunto de “timing”, sino porque ciertamente se resiste a la idea de contribuir eventualmente a que llegue a la presidencia su otrora amigo y aliado, y ahora adversario, el también expresidente Leonel Fernández. La mayoría cree que Medina habló en serio y que mantendrá esa posición.
Otras señales
Aunque la discordia Fernández-Medina es vieja, y con fuertes raíces, hay algunas señales recientes que indican que el ambiente está particularmente tenso entre ellos. Medina, en un acto reciente, sacó de la manga el tema del contrato de la Barrick Gold, uno de los que han provocado mayores diferencias entre leonelistas y danilistas.
De su lado, Fernández, que sigue juramentando a peledeístas que se mudan, el pasado fin de semana, cuando recibía las nuevas adquisiciones, recordó su salida de la casa morada y dijo que tuvo que irse porque allí se había perdido el respeto. Recordar las causas del divorcio solo ayuda a abrir viejas heridas. Todo indica que Fernández y Medina están hoy más “enemiguitos” que nunca.
