Hace más de 20 años que mi padre, Antonio Baldera, ya no está conmigo. Se fue a un lugar mejor; estoy convencida de eso. Sin embargo, a medida que iban pasando los años tras su partida terrenal, pensaba de qué manera podría recordarle para siempre. ¿Cómo honraría su legado, tan marcado por el servicio desde la fe, la iglesia y su comunidad?
También me preguntaba una y otra vez qué cosas teníamos en común más allá de los rasgos físicos que compartimos: el color, los labios, la nariz y los ojos.
Una cosa que me ha acompañado siempre -y que jamás olvidaré- fue todo lo aprendido con su ejemplo. Él no nos enseñó con palabras vacías. Nos enseñó lo menos que un buen maestro puede hacer: con la acción.
Su práctica fue siempre trabajar, trabajar y trabajar, como única fórmula para conseguir el éxito. Por eso, desde una bicicleta, mi padre demostró que sí se puede salir adelante, honradamente. Y llegó incluso a tener su propia compañía.
Era un hombre imparable: todos los días de su vida se levantaba antes de las 5 de la mañana para ponerse en marcha y regresaba a la casa antes de que anocheciera.
Y aunque el trabajo fuera intenso, su compromiso con la iglesia y su comunidad estaba siempre primero que cualquier otra cosa.
Por eso hablar de él y recordarlo también es recordar a un hombre de profundo amor y devoción por su iglesia. Recuerdo que, ya como periodista, me tocó ir a cubrir una situación en un barrio de nuestra ciudad. Cuando llegué al lugar, me dijo la monja de la comunidad: “Esto que ves lo hizo tu padre”. Fue una tremenda sorpresa que me llevé.
Hoy, que las nuevas generaciones necesitan referencias obligadas para vivir -o, por lo menos, para saber a quién seguir-, le doy gracias a Dios una y otra vez por el padre que me dio. Que supo siempre cuál era su rol y se dio por entero, más allá de cualquier expectativa.
Un hombre completo, amoroso y también recto; trabajador y honrado, de esos que con un apretón de manos cerraban un acuerdo. Pero lo más importante, fue la fe con la que se movió toda su vida.
En este mes en que celebramos a los padres quiero recordarle como ese ejemplo y referente del que siempre estaré orgullosa y le doy gracias nueva vez a Dios por permitir que fuera mi padre.
