En este mes del amor y la amistad, se hace crucial reflexionar sobre lo que realmente significa amar. En el primer capítulo del libro de Corintios, versículo 13, encontramos una definición poderosa: “El amor es paciente, el amor es bondadoso, no es envidioso ni jactancioso, ni grosero”. Esta visión del amor nos recuerda que no se trata solo de gestos grandiosos, sino de la dedicación y el cariño que se manifiestan dos personas en la vida cotidiana.
En pocos días, muchas parejas se apresurarán hacia restaurantes y tiendas, buscando celebrar el amor de maneras superficiales. Sin embargo, es vital entender que el amor genuino no se mide por lo material. Se nutre de pequeños detalles cotidianos, de la convivencia y de la habilidad de coexistir en una rutina que, muchas veces, se torna exigente.
A pesar de la celebración, es inevitable mencionar que el inicio de este año ha sido trágico para muchas mujeres. Según datos recientes, en enero, siete mujeres perdieron la vida a manos de sus parejas, entre ellas dos adolescentes. Este panorama desolador pone en entredicho la esencia del amor, que debería ser un refugio y no una fuente de sufrimiento. El amor verdadero no es irritable ni resentido, y debe inspirar acciones que promuevan la paz y el respeto.
Es fundamental que los hombres comprendan que no son dueños del amor de sus parejas ni de sus vidas. La cultura de la posesión y el control solo perpetúa un ciclo de violencia. La esperanza radica en que surjan políticas públicas efectivas que aborden esta problemática y ofrezcan un camino hacia la comprensión mutua.
No obstante, encontramos un aspecto positivo en esta reflexión. Según datos del Registro Civil dominicano, la tasa de divorcios ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos tres años.
Actualmente, por cada cinco matrimonios, hay tres divorcios, lo que se traduce en un 59.1%. Este descenso podría sugerir que más parejas buscan entender y cultivar el amor, en lugar de darse por vencidas ante las primeras adversidades.
En este contexto, es crucial recordar que amar implica un compromiso diario; una elección constante de entender y aceptar al otro. La verdadera esencia del amor radica en la capacidad de cambiar la perspectiva, de mirar al otro con bondad y disposición. Si logramos abrazar estos principios, podremos construir relaciones más sanas y duraderas, transformando así nuestras la sociedad en la que vivimos.
¡Apostemos al amor!
