Hace ocho días, falleció un hombre con un profundo compromiso de servir a la sociedad. Su labor se sintió en aquellas personas que, por razones diversas, cayeron en la adicción a alguna droga. Estos individuos, que a menudo son mirados con desprecio, los vemos muchas veces en las calles de nuestra ciudad, disfrazados de limpiavidrios, mientras que otros se convierten en mendigos que languidecen en busca de una mano amiga.
Leopoldo Díaz Henríquez era su nombre, fundador de Hogar Crea Dominicano, una institución que acoge a personas adictas, ya sean ricas o pobres, sin juzgar su situación económica al extender ese brazo amigo en pro de la rehabilitación; esa oportunidad que a muchos se les ha negado o que simplemente no han podido encontrar.
Tras su muerte, se supo que una de sus principales motivaciones para establecer este centro, que ya cuenta con 43 residencias en todo el país, fue ayudar a uno de sus hijos. Sin embargo, a Leopoldo no le bastó con asistir a su propia sangre; quiso extender su ayuda a otras familias, plenamente consciente de lo doloroso y perturbador que es para un hogar enfrentar la adicción de un ser querido. Se le describió como un hombre visionario, líder incansable y pilar fundamental de esta fundación, creada en febrero de 1975 y reconocida por el Estado como entidad sin fines de lucro 12 meses después, mediante el decreto del Poder Ejecutivo número 1708.
Hoy, ante la ausencia de Leopoldo, el apoyo que los gobiernos puedan proporcionar a instituciones como esta es más crucial que nunca. Hogar Crea ha aportado su granito de arena en la búsqueda de una sociedad más justa y solidaria.
Su legado, que ha trascendido generaciones, debe continuar inspirando esperanza y transformación en la vida de miles de personas, tal como esperan quienes han encontrado más que un refugio en Hogar Crea.
Las 43 residencias que trabajan con miles de adictos en tratamiento de rehabilitación, junto al personal terapéutico y profesional que labora incansablemente, son esenciales para el rescate de una juventud que, muchas veces, se siente perdida. La premisa es clara: un adicto menos representa un ciudadano que puede contribuir al bienestar de su familia y de nuestro país. Tenemos la esperanza que llegue más apoyo, para que sus hijos y familiares mantengan vivo el legado, el compromiso y la pasión que sostuvo a don Leopoldo durante más de dos décadas. ¡Ve en paz, Leopoldo!
