Lo ocurrido en Santiago con David Carlos Abreu Quesada no es un hecho aislado. Es una señal que nos obliga a mirar, con seriedad y sin excusas, la forma en que algunos actores del tránsito convierten las calles en escenario y la seguridad vial en “negociación”.
En muchos barrios y avenidas, el patrón se repite: irrespeto, imprudencia y consecuencias que terminan pagando quienes no tienen culpa. Durante años se ha conversado sobre el tema. No es exclusivo de un solo Gobierno. Sin embargo, hoy el problema parece haberse extendido.
Cada vez que alguien decide que no quiere trabajar con reglas, se sube a un motor y elude las responsabilidades que sí exige la ley. Después de la pandemia, esta actividad creció y, con ella, se multiplicaron los incidentes vinculados a conductas temerarias. Y en el tiempo de las redes, lo que antes quedaba en denuncias aisladas ahora se viraliza: se graba, se comparte, se copia.
Hemos visto, lamentablemente, videos en los que otros motoconchistas se lanzan contra personas a quienes señalan como causantes de alguna lesión -algún roce, dicen-, pero el fondo es el mismo, una falta total de control, ausencia de protocolos y cero respeto por la vida ajena.
Aunque algunos intenten venderlo como “cosas de la calle”, no lo es. Estamos hablando de vidas humanas. Estamos hablando de personas que han estado al filo de morir por maniobras abusivas y por conductas que rompen cualquier noción de seguridad.
La gravedad aumenta cuando entendemos que estas faltas no aparecen solo en momentos extremos.
Solo hace falta detenerse en un semáforo en rojo para ver el panorama: la Ley 63-17 de Tránsito y Seguridad vial, parece no aplicar para todos. Los motoristas, se cruzan en rojo. No respetan el paso de cebra, para el peatón. Y tampoco guardan la distancia mínima entre vehículos.
Ahora bien, también es necesario decirlo con honestidad: no todos los motoconchistas son iguales. Hay quienes trabajan con responsabilidad y ayudan, incluso cuando nadie lo exige. Recordamos el caso de la joven que intentó quitarse la vida lanzándose de los túneles de la 27 de Febrero. Pero en general, los errores y la violencia hacen más ruido que los aciertos.
En días como estos -cuando una familia de Santiago está de luto-corresponde mirar hacia adelante y reflexionar al respecto.
