La batalla por los mismos votos

Desde que Leonel Fernández decidió, junto a sus seguidores, abandonar el PLD y formar la Fuerza del Pueblo, en octubre de 2019, quedó claro que no se trataba simplemente del nacimiento de una nueva organización política. También comenzaba una disputa por una misma base política.

La FP nació como un partido joven, pero con un liderazgo de amplia experiencia. Su principal figura había gobernado el país durante tres períodos y conoce de sobra las dinámicas internas del partido del que provenía.

Era previsible, por tanto, que una parte importante de sus primeros integrantes proviniera del PLD. Lo que quizás no estaba previsto era que, casi siete años después, ambos partidos continuaran librando su batalla política en el mismo terreno: quitarse dirigentes y militantes entre sí.

Desde que el PLD salió del poder, la organización ha emprendido una tarea compleja para recomponerse. Danilo Medina y sus principales dirigentes han intentado relanzar un partido que conserva estructura, experiencia y una importante tradición electoral, pero que todavía busca recuperar el terreno perdido.

En lugar de una competencia por conquistar nuevos sectores de la sociedad, lo que se ve una y otra vez es una especie de mercado interno de dirigentes. Ya han pasado dos procesos electorales desde que el PLD abandonó el poder y todavía cuesta identificar cuál es, para cada uno, el verdadero adversario estratégico.

El pasado fin de semana, Omar Guevara, quien había presentado su renuncia al PLD en 2025, se juramentó en la FP, cuyo líder, Leonel Fernández, le levantó la mano durante el acto.

Una escena que ya parece familiar en la política dominicana: un dirigente cambia de partido y el hecho se convierte en noticia, demostración de fuerza y motivo de celebración para unos y preocupación para otros. Un dirigente del PLD llegó a justificar la captación de miembros provenientes de la FP bajo el argumento de que ambos partidos representan una misma corriente política.

La fortaleza se mide cuando un partido logra convencer a quienes nunca han militado, a quienes están desencantados, a los jóvenes que no encuentran representación y a los ciudadanos que no han decidido confiar en ninguna organización. Al final, la palabra clave debería ser nuevo. Si la novedad consiste en que los mismos dirigentes cambian de camiseta, entonces quizás no estamos ante dos proyectos tan diferentes. Estamos simplemente, -todavía- ante dos partidos disputándose una misma casa.

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