Mañana celebro la llegada de un año más, lo que siempre me lleva a reflexionar sobre la vida. A menudo, complicamos tanto lo simple que, en ocasiones, olvidamos disfrutar el presente.
Este año, sin embargo, me propuse trabajar en renovar propósitos. He decidido que me quejaré menos y buscaré rodearme de personas proactivas. Este compromiso es esencial, pues nuestro entorno influye profundamente en nuestra energía y motivación.
La vida está llena de experiencias que aguardamos y que, por el ajetreo diario, muchas veces postergamos. Este año, también me propongo ser más egoísta en el buen sentido de la palabra: no esperaré a que el tiempo se agote para emprender ese viaje soñado o para reconectar con alguien a quien he dejado esperando. Vivir intensamente cada momento significa también permitirnos la libertad de disfrutar sin la carga de la rutina que, a menudo, nos abruma.
Culminar pendientes es otra de mis metas. Durante años acumulé tareas y deseos sin cerrar capítulos.
Este año, quiero iniciarlos con una visión más madura, en paz y con la calma que solo se logra al aprender a valorar lo esencial. La premisa es dejar atrás lo que no aporta y enfocarnos en experiencias que nutren nuestra vida.
He decidido que, en lugar de contar años, contaré experiencias. Quiero acumular recuerdos que me sirvan como anclas en los momentos difíciles, que siempre llegan aunque no lo estemos esperando. Este enfoque no solo transforma nuestra percepción del tiempo, sino que enriquece nuestra esencia. Cada experiencia vivida es un ladrillo en la construcción de nuestra personalidad y nuestras metas futuras.
En este proceso, también quiero trabajar con intensidad y amor las cosas que realmente me apasionan. Y en ese sentido, la paz se convierte en un objetivo primordial. A menudo, el mundo nos ofrece motivos para distraernos y olvidar nuestras metas. Sin embargo, cultivarla es una elección activa que se nutre de nuestra dedicación a lo que amamos.
Inspirada por las enseñanzas de San Vicente de Paúl, -me eduqué con los Paúles y las Hijas de la Caridad-, concibo la paz no solo como ausencia de conflicto, sino como una virtud activa. La sencillez, la caridad y la confianza en algo más grande, que para mí es Dios, nos ofrecen un camino hacia una vida plena. Así, al celebrar un año más, me comprometo a vivir con más intención, a sumar momentos y a acumular experiencias que marquen un verdadero cambio en mi vida.
