A propósito del inicio del Mundial de Fútbol, el papa León XIV dejó una frase que se quedó resonando en mi cabeza: “quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego”.
La idea, más allá del deporte, es una advertencia sobre la vida en comunidad. En un Mundial participan jóvenes y adultos, mujeres y hombres; confluyen distintas culturas, se cruzan miradas y se habla un lenguaje común que no distingue nivel social.
Desde esa escena universal, la metáfora del papa se vuelve nítida porque el talento por sí solo no garantiza resultados si no existe trabajo en equipo, solidaridad y liderazgo con visión.
Pasar la pelota a tiempo también es reconocer el momento correcto. Es saber dónde está uno parado, cuáles son sus fortalezas y, sobre todo, cuándo toca ceder espacio para que el juego avance. En otras palabras: es comprender el valor de formar, acompañar y orientar a quienes vienen detrás.
Hoy, sin embargo, el ambiente social parece cada vez más atrapado por el individualismo. Hay peleas que se eternizan, rencillas que se heredan, y una obsesión creciente por la apariencia. Abundan, además, las historias de avasallamiento que terminan mal; con desconfianza, con rupturas y con personas que se quedan en el camino.
En el día a día, esa incapacidad de “pasar el balón” aparece con frecuencia. Se nota en la rivalidad en el trabajo, en la “serruchadera de palo” que intenta impedir el crecimiento ajeno; en el gesto de meter el pie para que otro tropiece. También se ve en la familia, cuando el orgullo vence a la empatía y el diálogo se sustituye por la competencia.
A veces, quien ha tenido que convivir con alguien que no entiende el juego vive una incertidumbre que lo lleva a pensar que no habrá futuro y termina desistiendo, aun cuando tiene capacidad para desempeñar ese rol. El talento, entonces, se apaga no por falta de habilidad, sino por falta de acompañamiento.
Por eso, quienes ya aprendimos el valor de la cooperación debemos convertirnos en multiplicadores del mensaje del papa León XIV: compartir conocimientos, actuar como mentores y preparar el relevo. Que las nuevas generaciones encuentren inspiración en quienes, sabiendo que su ciclo también terminará, han elegido dar antes que acumular, enseñar antes que bloquear.
Pasar la pelota, -saber cuándo y a quién- sigue siendo una asignatura pendiente para muchos.
