Introducción - Enero de 1962. El despertar dominicano

UNA EXPLICACION NECESARIA

Y AGRADECIMIENTOS

 

 

 

Hubiera sido imposible escribir este libro sin la ayuda directa e indirecta de muchas personas.  Con todas ellas, contraje una deuda de gratitud enorme.  Prefiero omitir sus nombres –los cuales en su mayoría aparecerán de todas formas en las páginas del libro-, pues muchos de ellos se ofrecieron a colaborar, prestando valiosos testimonios, a condición de permanecer en el anonimato.

Los hechos narrados en este libro tuvieron como protagonistas a gente que ocupaba posición determinante en la vida política nacional, cuando fue publicado en 1988.  Otros habían muerto.  Se trata de los hechos ocurridos desde la instalación del Consejo de Estado, el 1ero. de enero de 1962, al golpe militar que le derrocó 16 días después, tras la matanza horas antes en el Parque Independencia, y el contragolpe que le restituyó 48 horas más tarde en medio una incontrolable explosión de protestas populares.  Muy poco –prácticamente nada- se ha escrito con anterioridad sobre lo ocurrido en este interregno.  Sin embargo, en las experiencias de ese breve período de poco más de dos semanas puede encontrarse la raíz o explicación política o social, de cuánto sucediera en los veinte y tantos años siguientes.

Desde la ocurrencia de tales acontecimientos hasta la publicación de este libro, infinidad de cosas han cambiado en la República Dominicana.  Curiosamente, los líderes más importantes de entonces seguían siéndolo al publicarse este libro en 1988.  En todo ese lapso, más de una generación, el país ha sufrido grandes transformaciones políticas, económicas y sociales.  Pero ha sido incapaz de producir el relevo de un liderazgo cuya reputación, paradójicamente, crece mientras se aproxima al crepúsculo del ciclo vital de la existencia.

A pesar de las transformaciones operadas en diversidad de áreas de la actividad nacional, en un sentido general, los problemas que motivaban las movilizaciones de las multitudes entonces, son en gran parte los mismos que todavía hoy sustancian muchas de sus protestas.

La característica fundamental de la lucha del pueblo era entonces el deseo de superar el estado de postración e ignorancia en que lo había sumido la tiranía de Trujillo, el más prolongado período de crueldad, corrupción y oscurantismo en la historia moderna de esta pequeña nación.  El país ha recorrido desde 1962 largos trechos en el camino hacia la modernización y el establecimiento de una democracia sólida, respetuosa de los derechos ciudadanos.  Sin embargo, los logros en el campo del quehacer político cotidiano no guardan relación justa con sus exiguos avances en el área de las realizaciones sociales.  Las desigualdades entre las diferentes capas de la sociedad dominicana eran en 1988, cuando salió la primera edición del libro tan pronunciadas como en enero de 1962.

Existe un profundo vacío de información escrita sobre este período histórico que este libro aspira a llenar.  Buena parte de los hechos narrados en él debieron pues reconstruirse sobre la base de testimonios personales.  Muchas de las personas que pudieron colaborar murieron hace tiempo.  No obstante, los testimonios de cada uno de los colaboradores fueron cuidadosamente confrontados con los de terceros para comprobar su veracidad, siempre que ello resultara posible o fuera necesario.

Las primeras de las entrevistas que me sirvieron de soporte para reconstruir estos hechos datan de 1980 y tuvieron un propósito totalmente distinto, una historia periodística con motivo del aniversario del diario El Caribe.  En realidad, la idea general final no la concebí hasta finales de octubre de 1987, cuando por casualidad encontré esos primeros apuntes perdidos en archivos en desuso y al revisarlos comprendí la posibilidad de ampliar el antiguo proyecto de escribir un libro sobre la época.  Un libro que fuera al mismo tiempo de fácil entendimiento, aceptable para la gran masa de lectores normalmente interesada en los temas históricos, pero que huye de las exhibiciones estériles de erudición con que se escriben éstos, por lo regular, y que se ciñera, además, estrictamente a cómo ocurrieron los hechos.  Sin pretensión de ningún tipo, creo haber logrado mi propósito conservando lo esencial, un respeto riguroso de la verdad histórica.  Confieso que el estilo de la narración es más propio de un periodista, lo que verdaderamente soy, que de un historiador y celebro que haya sido así.

Algunos de los protagonistas de los hechos descritos en este libro lo fueron, tres años después, de otro singular acontecimiento en la vida nacional: la revuelta de abril de 1965 y la guerra civil que ella produjo, con la consiguiente ocupación del país por fuerzas norteamericanas.  Lo más sorprendente y reconfortante de esta tarea fue el haber comprobado cómo la mayoría de ellos ha logrado sepultar los rencores naturales que hechos de esa naturaleza crean entre hombres que llegan a ser, en un momento dado, adversarios a muerte.  Casi sin excepción, al ser entrevistados para este libro, se refirieron a sus enemigos de antaño con respeto y despojados de toda pasión visible.  Este es, a mi entender, un signo muy alentador en una nación constantemente dividida y a punto siempre de una nueva querella civil a causa de ancestrales desavenencias, abonadas por prédicas de odio y división.

Mi agradecimiento está dirigido a todos aquellos que con su testimonio y comprensión hicieron posible la tarea de escribir este libro.  Si los mencionara por sus nombres correría el riesgo de dejar algunos, lo cual constituiría una injusticia imperdonable.  No puedo dejar de citar, sin embargo, colaboraciones muy especiales: la de Laura Sánchez, mi prima, que pacientemente pasó en limpio original tras original y toleró cambios de última hora, con lo que llegó a convertirse en una asociada de este proyecto, así como la de Esther, mi esposa, y la de Lara y Miguel, mis hijos, quienes con su entusiasmo y amor me alentaron, aún en momentos de desaliento, a continuar con la tarea en que me había empeñado durante semanas enteras.  Sin ellos este libro jamás habría sido escrito.

Miguel Guerrero

Enero de 1988

 

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