Formar más técnicos, es la clave

En República Dominicana enfrentamos una brecha educativa que ya no es solo de puntaje, es un asunto cultural, que nos tomará décadas cambiar, pero la IA no puede esperar a que nos pongamos al día.

PISA dice que solo el 9% de los estudiantes de 15 años alcanza el nivel básico en matemáticas. Nueve de cada diez, por debajo del mínimo funcional para la vida adulta. El error no es hablar de IA en las aulas, es hablar de “las aulas” como si fueran todas iguales.

He entendido que el dato más revelador de PISA 2025 no es el promedio nacional, sino lo que pasa por debajo de ese promedio; La OCDE encontró que el 25% más favorecido de los estudiantes dominicanos superó en 69 puntos en ciencias al 25% más desfavorecido. Es una brecha real, aunque menor que el promedio OCDE de 85 puntos. Lo curioso es que un 12% de los estudiantes más pobres del país logró ubicarse entre el 25% de mejor desempeño en ciencias ( la misma proporción de “resiliencia” que se ve en países ricos) Eso demuestra que el talento no es el problema, mientras el sistema sí lo es.

Piensa en lo que significa eso en la práctica; imagina un estudiante de colegio privado en Santo Domingo, que viaja, que sus padres hablan de negocios en la mesa, que tienen maestrías y postgrados, que tienen acceso a tecnología de punta y a los profesores mejor formados, pensando en ingeniería o en una maestría afuera. Un estudiante de liceo público sale, en el mejor de los casos, pensando en un empleo cualquiera, que es el que va a aportar su parte en la casa. Nadie le dijo que ser electricista certificado, técnico en refrigeración o especialista en centros de datos también son carreras con futuro, y que en el esquema global de la IA, esos oficios no compiten con la máquina, la sostienen.

Un data center necesita electricistas que entiendan sistemas de respaldo, técnicos en climatización industrial, plomeros para los sistemas de enfriamiento líquido que ya usan los servidores más nuevos. Necesita expertos en ciberseguridad que protejan la infraestructura mientras el mundo discute modelos de lenguaje.

Eso no se resuelve subiendo el puntaje de PISA en tres años, se resuelve formando técnicos ahora, con certificaciones cortas y empleabilidad inmediata. No hace falta ganarle a Singapur en matemáticas para ganarle a la pobreza en oportunidades. Hace falta dejar de tratar la educación técnica como el plan B de quien “no dio para más”.

¿Por dónde empezar? Con politécnicos y liceos técnicos con el mismo prestigio que un colegio bilingüe, y con empresas que certifiquen talento local en vez de importarlo. Pero, mientras sigamos midiendo el éxito por cuántos estudiantes entran a una universidad tradicional y no por cuántos entran empleados a la economía del futuro, ese 12% resiliente seguirá siendo la excepción, no la regla.

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