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Gerard Schaefer, radiografía de un asesino serial

Se había ganado la confianza de su pueblo y los agentes y oficiales lo respetaban tanto que terminaron nombrándolo cheriff de la comunidad por su buena labor.

«En cada árbol hay por lo menos una rama capaz de hacer ensoñar durante muchas horas…»

Knut Hamsun

El cliché de todo asesino serial. La falta de amor paternal, el excesivo cariño maternal y la vergüenza de orinarse en la cama hasta los 16 años.

Lo curioso de jugar con los órganos y pellejos de los perros y gatos; pasarse horas muertas deambulando por los bosques de su casa en Florida, sin ningún amigo que quiera compartir las fantasías de adolescentes.

En la escuela era el regordete con cara de idiota. Las chicas huían de su presencia como el diablo a la cruz y los bravucones se sentían atraídos por su timidez. Ellos lo humillaban con apodos, lo golpeaban y escupían delante de todos; mientras el público se reía y lo señala con el dedo índice como el raro de la clase.

Se masturbaba con frecuencia y se escondía detrás de las cortinas para observar minuciosamente a sus vecinas por las noches.

Con el pasar de los años se daba cuenta que ahora transcurría más horas en soledad. Y el caso es que le gustaba ya que ahí nadie le molestaba  y solo se codeaba con aquellos árboles que le brindaban frialdad.

El tiempo había pasado y contrario a otras épocas, el gordito había aprendido a sonreír más a menudo. Las chicas ya lo consideraban bastante social y sus compañeros de la academia de la policía lo trataban como a otro hermano.

El sheriff Gerard Schaefer

Se había ganado la confianza de su pueblo y los agentes y oficiales lo respetaban tanto que terminaron nombrándolo cheriff de la comunidad por su buena labor.

Ya tenía poder palpable, ese que nunca soñó tener cuando era niño.

El gordito se ha dado cuenta que las chicas se suben a su automóvil desde que ven la placa policial con tal facilidad que hasta él mismo quedo espantado.

¿Cómo es posible que chicas tan vulnerables se suban al carro de un extraño solo porque es un policía? A veces pensaba que ellas querían entregarse a los brazos del demonio y él, como el demonio de la lujuria, estaba decidido a cumplir sus órdenes.

¡Incluso la prensa de los 70′ estaba satisfecha con los titulares sensacionalistas!

En aquella truculenta década habían aparecido cuerpos de chicas en condiciones tétricas. Totalmente mutiladas, vejadas y sodomizadas hasta después de ser asesinadas.

Incluso habían aparecido fosas con cinco y siete cuerpos distribuidos por los bosques de Florida. El pueblo estaba histérico ya que era un fenómeno totalmente nuevo y él, como cheriff del condado, tenía el reto de resolverlo.

Pero muy dentro de él sabía que no sería así, pues no era tan estúpido de delatarse ante sus compañeros.

Algunas de las víctimas de Schaefer.

Un día cualquiera, el asesino serial secuestró a dos chicas al mismo tiempo mientras hacían autostop por la carretera. Las recogió fácilmente porque vieron su carro de policía.

Sin ellas darse cuenta, las llevó hacia el bosque y las doblegó sin ningún inconveniente.

Posteriormente las amarró de dos árboles, les tapó las bocas, les puso una soga en sus cuellos y las subió sobre dos tablas para que se mantuvieran de pie con las puntas de sus dedos.

Superviviente muestra el modus operandis de Gerard Schaefer.

Permaneció tres horas torturándolas con un cuchillo, cortándolas y abusando de ellas, una al lado de otra; las vejaba mentalmente poniéndolas a elegir de quien debería vivir y quién no. Pero finalmente se aburrió y les disparó a las dos en la cabeza, luego vejó sus cuerpos y las enterró. Tal como hizo con todas sus decenas de víctimas.

Meses después quiso repetir la hazaña de secuestrar dos mujeres al mismo tiempo pero esta vez le salió mal, pues cuando amarró a otras dos chicas había olvidado sus herramientas de tortura en el vehículo.

Al parecer no había colocado bien la soga en el cuello ni las ataduras, y en lo que estaba buscando sus utensilios, una de ellas se pudo soltar del árbol y ayudar a la otra a escapar.

Para su mala suerte se había presentado ante ellas con su nombre verdadero: Gerard Schaefer, el cheriff del condado.

El caso explotó e inmediatamente lo arrestaron y acusaron de 9 asesinatos porque no se pudieron probar los 35 casos de mujeres desaparecidas y/o asesinadas en su localidad.

Finalmente lo condenaron a 9 cadenas perpetuas y lo catapultaron a la fama como «El ogro de Santa Cruz». Desde prisión otorgaba entrevistas, e incluso se llegó a relacionar sentimentalmente con Sondra London, la célebre escritora de crímenes que posteriormente también se comprometió con el asesino serial Danny Rolling, el destripador que inspiró a la película de «Scream».

Su vida acabó cuando otro recluso lo degolló en la celda, lo que supuso el fin de su historia. Aquel cuchillo filoso en su garganta cortó también la posibilidad de esclarecer los otros 26 casos de mujeres asesinadas en circunstancias similares a su modus operandis.

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