Juego de las sillas

Los de otra generación -que ahora se antoja lejana y parte del pasado- recordamos perfectamente que para entretener a los niños en los cumpleaños, al final de la tarde y antes de repartir el bizcocho, los padres del festejado los ponían a correr alrededor de unas sillas plásticas con una música de fondo. El entretenimiento consistía en que, en cuanto se bajaba el volumen de la canción, había que buscar rápidamente el asiento vacío, tomando en cuenta que la cantidad se iba reduciendo en la medida que lo hacía el número de participantes. La idea era que en cada vuelta se fuera sacando uno hasta que quedara el último y un solo lugar que lo convertiría en feliz ganador al que se le entregaba un regalo final, actividad que constituía la parte más emocionante de la velada.

En el recorrido se encontraba de todo: estaban los que se concentraban más en impedir que el otro llegara, lo empujaban y le ponían el pie, perdiendo de vista que la finalidad era sentarse en un espacio disponible, no derribar el contrincante o querer sentársele encima, si hubiera llegado primero. Otros, se mareaban en el recorrido y entraban a la competencia solo por participar y cumplir con el programa porque entendían de antemano que no estarían entre los agraciados y la experiencia les servía de entrenamiento para otros encuentros o hasta para mitigar el aburrimiento y no lucir fuera del grupo.

Por otro lado, en cambio, algunos se entretenían con ir bailando al ritmo de la melodía sin darle mucha importancia a si podían o no llegar a ser de los afortunados en conseguir el puesto porque disfrutaban el recorrido, no el destino y entendían que ya habría otras oportunidades o, que si bien no resultaban ganadores, en otros concursos tendrían mejor suerte.

También estaban los que no perdían de vista hacia dónde se dirigían confiando en que el premio sería para ellos porque tenían la resistencia, la concentración y el empeño que a otros les faltaba. Mientras, había observadores que no se animaban a integrarse, pero tenían miles de versiones de cómo pudieron haber avanzado los que fueron descartados, esos eran los amos de la teoría, a pesar de ser los primeros en no ponerla en práctica.

Juegos de niños, experiencias de adultos, porque en la vida no son todos los valientes que se levantan a participar en las contiendas, aunque sí muchos los que se sientan a criticar desde la distancia. La diferencia radica en que esos avezados serán los protagonistas y los otros, se tendrán que conformar con ser los extras de la función.

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