El valor de las imágenes

En la fase más crítica del conflicto de Vietnam, una fotografía que muestra el momento en que un soldado ejecutaba a sangre fría y a quemarropa a un guerrillero del Vietcong en plena calle, conmocionó al mundo y dificultó el esfuerzo de guerra de Estados Unidos dentro de su propio territorio. Sin menoscabo de la férrea resistencia de Vietnam del Norte, esa gráfica tuvo un valor decisivo en la guerra. Incrementó enormemente la ya amplia y sostenida oposición a la presencia militar estadounidense en el sudeste asiático y agudizó las críticas de la opinión pública internacional al respaldo de la Casa Blanca al régimen de Vietnam del Sur.

Se ha dicho siempre, que la guerra se perdió en el territorio estadounidense debido a la forma en que la cobertura de los medios influyó en la oposición del pueblo norteamericano a un conflicto en el que murieron más de 50,000 jóvenes norteamericanos.

Guardando las diferencias, aunque no se conocen pruebas fotográficas del hecho, los diarios nacionales han publicado en las últimas décadas noticias que rememoran aquella historia. Recuerdo, hace años, la de un joven de 19 años perseguido por agentes de la Policía y sacado a la fuerza de su casa en un barrio y asesinado a tiros después de haber sido obligado a arrodillarse, a pesar de sus súplicas de clemencia.

En las peores etapas de los derechos humanos en el país, se asesinaba, se deportaba y se encarcelaba a los adversarios confesos o sospechosos del régimen. Hoy portar un teléfono celular puede ser un pasaporte al más allá. Se asalta y mata a cualquier ciudadano para despojarle de un aparatito telefónico, que luego pueden activar, o de un efecto personal de poco valor material. Hay actuaciones policiales que no las diferencian de los criminales que persiguen.

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