Como intento aproximativo hacia el tema en ciernes de comentar, ahora cabe situarse en el sentido etimológico de la palabra escolástica, originada en la raíz grecolatina schola y skholé, usada entonces para denotar compañía militar o referenciar a los integrantes de la clericatura, circundantes en una que otra corporación parroquial o catedralicia, pero en la cultura helenística la misma voz antigua significó el ocio como tiempo libre destinado a la ilustración del intelecto mediante la cavilación filosófica.
En mirada retrospectiva, constituye lección aprendida que durante el medievo el aprendizaje del trabajo manual tuvo como correlato empírico la enseñanza tallerista. En cambio, la formación erudita del intelecto corrió por cuenta de un elenco de escuelas rurales o urbanas de índole monástica, parroquial, presbiterial, episcopal, catedralicia, palatina y comunal, por cuya razón la palabra escolástica desde una perspectiva extrínseca adquirió el giro lingüístico denotativo de sabio, letrado, cultivado o maestro.
De ahí cobra eventual plausibilidad el hallazgo histórico, consistente en interrelacionar la escolástica con el conjunto de técnicas didácticas, ya que tales sabios, maestros o pedantes de entonces ejercieron labores encomiables en el plano de la enseñanza propia de la clericatura y hasta universitaria en las facultades de artes, derecho, medicina, filosofía y teología, fundadas desde el siglo XII de la era cristiana en adelante, en las ciudades desarrollistas de Paris, Bolonia, Salerno y Toledo, entre otras urbes europeas.
Contrario a esta exterioridad que trae consigo semejante perspectiva, el método escolástico, pese a que ha sido mal estudiado, comprendido y valorado, en su contenido intrínseco muestra una estructura tripartita, tal como ocurrió con la mayéutica socrática y dialéctica platónica. Así, conviene dar a conocer dicha triada de categorías, a saber: Lectura, interrogante y disputa, cuyo desglosamiento cabe acometerse de inmediato.
Sobre el procedimiento tripartito del método escolástico, urge indicar en español castizo que la primera fase consiste en la lectura de un texto bíblico o autoritativo, proveniente de uno que otro de los sabios de la patrística, tales como Anicio Boecio, Alcuino de York, Juan de Salisbury, Agustín de Hipona, Escoto Eriúgena, Juan Duns Escoto, Pedro Abelardo, Tomás de Aquino y Anselmo de Aosta, entre otros filósofos medievales, cuya materialidad debía explicarse en su estructura gramatical, antes de volver a someterse a un análisis dotado de mayor claridad para entonces culminar con la extracción del significado oculto de semejante documento objeto de intelección.
En secuencia algorítmica, hay que pasar a la segunda fase del procedimiento tripartito, consistente en la formulación de una que otra interrogante, debido a que así podía alcanzarse la sabiduría, por cuanto ello implicaba el tránsito entre interpretación, creación e innovación, derivado de un problema, duda, punto de vista encontrado, conflicto cognitivo o disonancia intelectiva, máxime cuando el exégeta tenía como propósito buscar a ultranza la raíz u origen de las cosas subyacentes en el texto bíblico o autoritativo objeto de lectura, en pos de hallar la verdad revelada.
En tercer lugar, viene a tocarle el turno a la disputa, debate, controversia o polémica, habida cuenta que durante el medioevo solía decirse, tal vez retrotrayéndose hacia el quehacer filosófico del mundo griego, que nada quedaba entendido si antes no ha sido triturado con el diente de semejante técnica epistémica, lo cual hizo acopio mimético de la antigua refutación, pero todo confluye en usar dicho procedimiento para propiciar el ejercicio dialéctico o indagatorio con miras a descubrir la raíz del problema, traducida en la verdad revelada.
Pese a la crítica vertida sobre el método escolástico, cabe observar que tan sólo se trató de retrotraer el aparato instrumental de la filosofía grecolatina hacia el medievo para ser aplicado a la teología, a fin de darle a la fe contenido racional, en busca de demostrar la existencia de Dios, mediante argumento ontológico, tal como lo hiciere Pedro Abelardo, o bien poner de manifiesto el conjunto de verdades reveladas, provenientes del mundo sobrenatural.
En esencia, la escolástica fue ciencia, enseñanza, teosofía, pero ante todo devino en ser una variante del método dialéctico, visto como instrumento indagatorio, cuya finalidad iba dirigida a la intelección del misterio divino para entonces conocer a Dios mediante razón natural, tras superar la meditación contemplativa e intuitiva, muy propia de la mística, en tanto que con este nuevo giro cabe valerse de la cogitación sumulística.
