La excelencia educativa del profesor competente

En torno a la dinámica propia del proceso enseñanza-aprendizaje, puede haber todo un universo cognoscitivo, por cuanto constituye una verdad axiomática de que toda persona humana es un sujeto epistémico que empieza a percibir el mundo desde el claustro materno, mientras que, una vez alumbrado, el conocimiento nesciente o escolarizado vendrá a convertirse en una necesidad vital para adaptarse a la realidad circundante con anclaje natural, económico y sociopolítico.

Desde tiempos inmemoriales, el acceso a la instrucción escolarizada ha sido un servicio elitizado, pero en las familias antiguas la transmisión oral fue la vía usada para educar a los hijos, mientras que las minorías recibían la ilustración educativa, a través de maestro contratado, docente independiente o empleado estatal, época cuando el proceso enseñanza-aprendizaje giraba sobre el profesor, cuyo conocimiento omnisciente le permitía ser visto como una especie de aristócrata, dios o sumo sacerdote.

Durante épocas pretéritas, el profesor excelente fue el transmisor del conocimiento mediante la estrategia pedagógica de la clase magistral a la vieja usanza, cuyos alumnos debían absorber grandes volúmenes de información bajo el aserto tradicional de que los estudiantes tenían que almacenar los contenidos didácticos antes de que pudieren pensar sobre la asignatura, toda vez que resultaba un imperativo categórico aprender los elementos básicos de la materia para luego razonar, analizar y sintetizar, lo cual implicaba memorizar datos.

A contrapelo de semejante modelo educativo sindicado como bulímico, el catedrático Ken Bain, autor de un interesante libro, intitulado “Lo que hacen los mejores profesores universitarios”, nos ilustra gráficamente, a través de su estudio longitudinal, sobre el significado esencial de un docente extraordinario, excelente, efectivo, exitoso, excepcional o experto, cuya noción nada tiene que ver con la transmisión tradicional del conocimiento.

Pese a que cada maestro ha solido usar su propio librito, nada impide reconocer que el método tradicional fundamentado en la educación bulímica, centralizado en el docente, propende a dejar intacto el modelo mental del estudiante, cuyo resultado arroja un aprendiz dotado de saber superficial, memorístico, pasivo o receptivo, por cuanto se trata de un discente interesado en buscar la respuesta correcta para aprobar la asignatura, pero luego de purgar o regurgitar la información así adquirida, entonces la retentiva vuelve a quedar vacía con el breve paso del tiempo.

A ciencia cierta, hoy cabe dejar sentado que el aprendizaje humano constituye un proceso complejo y asimismo queda entendido que la docencia en sentido general ha venido a ser un trabajo intelectual creativo, por cuya razón el conocimiento no puede obtenerse mediante transmisión ni absorción memorizada, ya que nadie aprende en cabeza ajena, de suerte que el profesor excelente procura despertar en el estudiante curiosidad, asombro, entusiasmo, fascinación, interés, motivación intrínseca, conflicto cognitivo y desafío intelectual, a fin de propiciar en su ánimo el saber holístico.

En la obra de Ken Bain, pudo verse mediante un muestreo representativo de 63 profesores, el método de enseñanza dotado de eficacia, dando como resultado que tales docentes adoptaron estrategias pedagógicas activas, a fin de que sus estudiantes aprendieran haciendo, usando como medio los contenidos de la asignatura en pro de llevarles hacia el desarrollo intelectual y personal, a través de varias operaciones mentales, entre ellas comprender, comparar, pensar, razonar, clasificar, analizar, sintetizar y luego aplicar las competencias adquiridas en la solución de cualquier problema.

Como corolario de la premisa anterior, el profesor excelente, excepcional, extraordinario, efectivo, exitoso o competente, para merecer tales atributos tendrá que ayudar a sus estudiantes mediante creación de un entorno natural de aprendizaje crítico a construirse su propia comprensión, en busca de ser un sujeto aprendiz dotado de conocimiento profundo, significativo, duradero, autónomo, integral, holístico, sistémico u objetivo, tras ser construido mediante estrategias pedagógicas propiciatorias del saber dinámico y de participación activa.

En conclusión, el educador deja de transmitir el argüido conocimiento para ser profesor competente, a través de un elenco de actividades propias de la pedagogía activa, tales como estudio de casos, aprendizaje basado en problemas u orientado en proyecto, método socrático, pregunta heurística, simulación, ludificación, instrucción entre pares, lectura comprensiva, escritura de ensayos, exposición magistral interactiva, trabajo investigativo de campo, todo lo cual implica que el diseño instructivo habrá de centrarse en el estudiante, a fin de convertirlo en protagonista estelar de la construcción de un saber interdisciplinario, integral u holístico.

Posted in Opiniones

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas