La fraseología filosófica sobre tecnociencia

Como entrada preliminar, resulta útil reconocer que a todo sujeto epistémico le asiste el derecho a saber, aunque para lograr aprehensión gnoseológica fuere imperativo participar en el seminario de cariz internacional, intitulado Filosofía de la Ciencia: Ética y Futuro Humano, dotados de actos inaugurales y subsecuentes que tuvieron efecto en el Paraninfo Ricardo Michel y en el Edificio de Alta Tecnología, ambos lugares con sede en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), durante el breve ciclo temporo-espacial comprendido entre los días 22 y 25 de septiembre de 2026, cuyo contenido derivó fraseología cognoscitiva grandilocuente sobre tecnociencia.

Inmerso en dicho magno evento educativo, este subjeto cognoscente de la filosofía tecnocientífica, con la orientación didáctica del profesor José Andrés Merejo Checo, principal mentor de tal seminario, asumió la encomienda académica de ser observador participante de la primera conferencia magistral diseñada bajo el epígrafe Tecnohumanos y Necroéticas, cuyo disertante fue el ilustre experto Javier Echeverría Ezponda, archiconocido autor de diversos libros sobre dicho campo del saber.

Aunque el cerebro humano suele inundarse, tras recibir un cúmulo tan enorme de información especializada que inicialmente resulta ininteligible, pero pese a todo cabe recordar que el ilustre disertante dijo recuperar parte del pensamiento filosófico de José Ortega y Gasset, en tanto extrajo de él que sin técnica el hombre no hubiera existido como tal, fraseología emitida en su época para dejar explicado cómo la acción humana estaba transformando la naturaleza en un mundo artificial, creando máquinas en pos de potencializar las fortalezas y a la vez superar las debilidades de cada integrante de la humanidad.

En la sociedad hodierna, el conferencista encumbra el pensamiento de José Ortega y Gasset, pues a la lógica le adscribe nuevos significados, tales como arte de deducir, de inventar y de argumentar, en cuyo pivote se apalanca para innovar acerca de todo cuanto ha existido y así crea una propuesta heurística que pone de manifiesto una trilogía de realidades, expresadas en primer entorno, haciendo referencia a la naturaleza; un segundo entorno con miras a denotar la urbe y cierra hablando del tercer entorno, definitorio del ciberespacio, donde llega a situarse a los Tecnohumanos, de quienes espera que sean mejores personas con apoyo de la ética, hasta el punto de respetar a los muertos, evitando el uso de sus imágenes en busca de sacar provecho económico.

Con méritos compartidos en semejante banquete sapiencial, intervino como disertante en el desarrollo de tan magno evento académico el eximio erudito, don Víctor Gómez Pin, con la conferencia igualmente magistral que llevó como epígrafe Persistente reto filosófico (mecánica cuántica) versus desafío meramente potencial (singularidad tecnológica), tematización aporética que permitió robustecer la fraseología filosófica sobre tecnociencia, cuyas muestras van a constituirse en botones muy elocuentes.

A través de la conferencia de Víctor Gómez Pin, quedó introducida al Seminario Internacional la temática intrincada sobre la física cuántica que constituyó un problema científico que llevó a la locura o al suicidio a varios trabajadores de la ciencia, pero que la filosofía, entendida fraseológicamente como la disciplina que busca la inteligibilidad de las cuestiones aporéticas, entonces ha venido a ocuparse de semejante situación.

Incluso, Albert Einstein describió la física o mecánica cuántica como una teoría incompleta, por cuanto rehusó hacer apostasía del orden cósmico advertido en la naturaleza, visto mediante el realismo circundante, pero el disertante nos dejó como fraseología filosófica que para el progreso no hay cura, por tanto, el saber humano viene a ser un camino indetenible y continuo.

Y precisamente, la mecánica cuántica ha permitido el avance tecnocientífico que hoy vive la humanidad, a través de las máquinas inteligentes dotadas de algoritmo, debido a que el hombre es un animal exornado de técnica, pero también ha sido visto como un sujeto hablante, emisor constante de juicios gnoseológicos, requirentes de objetividad, eticidad y estética para transformar la realidad, regular la convivencia intersubjetiva y apreciar la belleza circundante, según la fraseología filosófico del archiconocido disertante.

Como nota de colofón, el disertante trajo a colación el concepto de singularidad tecnológica, denotativo de que la física cuántica mediante la matematización ha logrado crear un sistema que puede replicarse y perfeccionarse en mismidad, traducido en lo que hoy suele denominarse Inteligencia Artificial, constructo que viene usándose desde 1956, cuando John MacCarthy lo introdujo en el mundo tecnocientífico.

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