Jimmy Rosario Bernard
Rector del Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA)
Donald Trump dijo esta semana ante la ONU que «quien gane la superinteligencia, gana», presentando la carrera tecnológica como una lucha por el poder. Anunció que Estados Unidos usará el término «superinteligencia» en lugar de «inteligencia artificial» en documentos oficiales, pues considera que «artificial» minimiza una tecnología tan importante. También rechazó lo que llamó un «esquema globalista» para controlarla. Esta idea no es nueva.
En 2017, Vladímir Putin dijo a estudiantes que quien liderara en este campo sería «el gobernante del mundo», sugiriendo que la IA sería clave en el poder económico, militar y geopolítico. El domingo pasado, en RD Debate, discutimos sobre inteligencia artificial y geopolítica. Mi punto fue que la discusión no debería enfocarse en el nombre de la tecnología, sino en quién la controla, bajo qué reglas y para beneficio de quién.
Propuse crear un organismo internacional, técnico e independiente, encargado de establecer estándares, clasificar riesgos, coordinar auditorías y proteger los derechos humanos. Sería una instancia de cooperación y responsabilidad, no un gobierno mundial. Más de veinte países e instituciones, como Canadá, Alemania, España y la Comisión Europea, ya están pidiendo reglas internacionales, verificaciones y supervisión humana. António Guterres ha señalado la necesidad de una respuesta multilateral al desarrollo de la IA. La República Dominicana también ha presentado su postura. El lunes, en el Diálogo de Alto Nivel del BID en Nueva York, el presidente Luis Abinader propuso una estrategia regional para América Latina, al señalar: «Se puede avanzar y regular al mismo tiempo». Esta posición coincide con mi argumento en RD Debate: innovar sin miedo, pero sin ser ingenuos. También comenté que la IA no es un oráculo ni es neutral; genera resultados que parecen verdaderos, pero no son verdades garantizadas, y sus objetivos y datos reflejan decisiones humanas. Puede ayudar a los profesores, pero no reemplazarlos.
La OIT estima que una de cada cuatro personas trabajadoras está expuesta a algún nivel de IA generativa. El Foro Económico Mundial proyecta que para 2030 habrá 170 millones de empleos nuevos y 92 millones de empleos desplazados. Estar expuesto no significa necesariamente ser despedido, sino que las tareas cambiarán y la formación será crucial. Por eso, la iniciativa RD Inteligente, del Gobierno dominicano y ejecutada por el ITLA, busca capacitar gratuitamente a un millón de dominicanos.
Como dijo el presidente Abinader: «No queremos convertir a un millón de dominicanos en programadores; queremos que un millón de dominicanos sean mejores en aquello que ya saben hacer». Sin embargo, un millón de inscripciones no garantiza un millón de competencias; debemos medir quiénes completan la capacitación, qué saben hacer y cómo cambia su trabajo. La soberanía tecnológica no depende de ganar la carrera de los chips o de los modelos fundacionales.
Depende de saber dónde están nuestros datos, quién es responsable cuando un sistema falla y si podemos cambiar de proveedor sin que nuestra operación se detenga. La verdadera inteligencia superior no será la que simplemente nos supere, sino la capacidad de una sociedad para comprender, cuestionar y gobernar la tecnología de manera responsable.
